En todo esta celebración de las fiestas patrias, Centroamérica tiene mucho que decir. Son cinco países los que se unieron en una independencia de la colonia española y que después tuvo a bien sacudirse el yugo de los intentos del imperio mexicano por anexionarse el codiciado terreno de tierra que divide el continente americano y que separa dos océanos.

Solo Panamá, país escindido de Colombia y vinculado a Estados Unidos de una forma intensa e histórica, no está en el grupo de naciones de la región que intentó fusionarse hace dos siglos para construir lo que desde entonces es un sueño de muchos, la unión centroamericana de países, un modelo a imagen y semejanza de la Unión Europea y que eliminaría trabas comerciales y fronteras entre los distintos países.

 En los años en que lleva el tema sobre la mesa, se han hecho algunos avances, con acercamientos entre países como Guatemala, Honduras, el Salvador y Nicaragua, derribando de forma simbólica algún puesto fronterizo, pero todavía no existe una unión como tal ni una libre circulación de personas y mercancías libres de aranceles.

Según los expertos, hay serios obstáculos para que se concrete una unión semejante, que en un futuro podría significar la adopción de una moneda única como en el caso de Europa con el euro. Para empezar están las velocidades económicas entre los países, como el caso de Costa Rica con el resto de sus presuntos socios regionales, y el tradicional rechazo a la idea de Panamá, amparado en la ventaja que le otorga el ser el poseedor del único canal terrestre para circulación de mercancía entre el Atlántico y el Pacífico y las implicaciones comercialmente negativas que podría suponer una unión.

En el caso de Costa Rica, tiene claras diferencias con el resto de los países, ya que goza de una economía saneada, un bajo índice de delincuencia por la ausencia de pandilleros —las maras son famosas por sus crímenes en Guatemala y El Salvador— y un turismo boyante que hace años superó la barrera del millón de visitantes.

Cierto es que se han firmado tratados importantes en esa dirección, como el de integración económica de 1960, donde por primera vez se habló de mercado común y de crear un arancel externo común en la región; o el Sistema de Integración Centroamericana en 1991, que incorporó como socios a Panamá y a Costa Rica; o incluso el acuerdo para destruir los pasos fronterizos entre El Salvador y Guatemala en el 2004 en una unión migratoria y aduanera sin precedentes; pero el sueño definitivo de una región sin fronteras aún tiene mucho camino que recorrer e intereses que limar. Sería un ejemplo a seguir para muchas otras partes del mundo.

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