“Los jóvenes están experimentando altos índices de violencia física, sexual y verbal en sus relaciones”, dijo Rosie Hidalgo, directora de políticas públicas de Casa Esperanza. “La mayoría de adolescentes, incluyendo Latinos, no acude a la policía, o la Corte, o los abogados, o a los doctores.”

¿Cómo lidian entonces estos adolescentes con el abuso; peor aún, cuando éste tiene consecuencias graves, como un embarazo no deseado? La respuesta es buscando la ayuda de sus compañeros.

Por este motivo, Casa Esperanza cuenta con programas de educación y entrenamiento de liderazgo para adolescentes; para que sean ellos mismos quienes eduquen e informen a sus compañeros dentro de su mismo ambiente.

Según un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association, aproximadamente una de cada cinco estudiantes de escuela secundaria reporta haber sido abusada física o sexualmente por su pareja. Sin embargo, más del 80 por ciento de los padres encuestados por el Family Violence Prevention Fund and Advocates for Youth no creen que la violencia de pareja en adolescentes sea un problema, o admiten que no saben si es un problema.

“Creo que el problema principal es que las adolescentes no tienen con quién contar”, dijo el doctor Charles Hux, ginecólogo que ve muchas pacientes de entre los 16 y 21 años de edad. Según Hux, el esconder un embarazo hasta el tercer trimestre como muchas de sus pacientes, las pone en un riesgo hasta cuatro veces mayor de complicaciones durante el embarazo.

“Deben sentirse seguras y brindar información a sus escuelas o comunidades a través de su personal médico”, agregó Hux. “Debe haber mejor comunicación”.

El temor a hablar del tema por parte de las adolescentes –así como la de sus padres–, es porque aún tanto la violencia doméstica como el embarazo son considerados temas tabú en los hogares latinos. Pero el callar las hace aún más vulnerables.

“Tenemos miedo a hablar del tema por temor a que alimente un estereotipo: que los latinos son más violentos y machistas”, dijo Hidalgo. Sin embargo, se trata de un problema que aparece en todas las comunidades pero que “cada comunidad debe asumir su propia manera de tratarlo. No se trata de aplicar el mismo molde a todos”.

Un estudio de la organización Liz Claiborne arrojó que el 57 por ciento de los adolescentes en los Estados Unidos conoce a alguien que ha sido abusado física, verbal o sexualmente por su pareja; mientras que el 45 por ciento de ellos conoce a un amigo o compañero que ha sido presionado para tener coito o sexo oral.

Por otro lado, estadísticas del Journal of Family Violence afirman que el 77 por ciento de las estudiantes de escuela secundaria y 67 por ciento de los varones endosa algún tipo de coerción sexual, como besos y abrazos no deseados, contacto físico en general y relaciones sexuales.

Según Hidalgo, parte de la solución es hablar y hacerles entender a los adolescentes (mujeres y varones) que ninguna forma de coerción es “normal” o “lo que se espera” en una relación de pareja. Tampoco que el abuso es “provocado”, ni que se debe dejar pasar por alto cualquier tipo de presión o intimidación.

“[El abuso] es algo que aprende, y no podemos tolerarlo como sociedad. Tenemos que enseñar a los adolescentes lo que son relaciones saludables”, concluyó Hidalgo.  

Información proporcionada por ConCiencia News

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