La vida de Joaquín Chacón gira en torno a las pastillas. Sobre la mesa de la cocina tiene una caja con varias guardadas, ordenadas bajo unas etiquetas y compartimentos para saber cuál es cual, asignadas según el día de la semana, para no confundirse. Donde no hay confusión es en el número que se toma a diario: unas 35.

Además de las pastillas, lleva cubierta la cara con una mascarilla quirúrgica y mientras ordena las pastillas por colores, su madre se ocupa de la cocina, de darle de comer solo aquello que pueda consumir.

“Como cosas que se hayan cocinado hace una hora o menos, nada más”, explica Chacón, un hombre que además de enfermo de leucemia linfoblástica es uno de los preparadores de impuestos con más experiencia en Los Angeles —los dos primeros semestres del año—, y un cualificado piloto de avionetas —el resto de la temporada.

Claro que la enfermedad le ha frenado de golpe la actividad, y aunque está mucho mejor después de un transplante de médula el pasado mes de noviembre, no ha podido retomar los negocios como le hubiera gustado. Ni IBS services, una compañía para preparación de impuestos orientada hacia la comunidad hispana, ni AC Flying, la empresa de aviación de la que es copropietario, han contado mucho con él ultimamente.

Chacón confiesa que el cáncer “fue un golpe muy duro “ que le ha “desactivado”, aunque se siente con fuerzas de volver a ser el que fue, un inmigrante salvadoreño que llegó a Estados Unidos con ganas de cumplir su sueño, el de ser piloto.

Admite que no se cumplió del todo lo de ser piloto comercial y que las declaraciones de la renta son su sustento principal. Pero no se puede quejar: además de empresario en la cuestión de los impuestos, es dueño de dos avionetas —aparcadas en un hangar de Compton—  con las que vende viajes organizados a lugares como la isla Catalina, las playas de Los Angeles y hasta Las Vegas.

“Los precios son bastante asequibles. Puede costar entre 800 y 1,200 dólares llegar hasta las Vegas para tres o cuatro personas, con un vuelo privado y con la opción de quedarse todo el día jugando en las casinos para volver por la noche a Los Angeles”, explica Chacón, quien asegura que nunca tuvo paciencia para ser instructor, aunque su empresa cuenta con gente que sí da clase a aquellos que quieren ser pilotos.

En cuestiones de impuestos, en lo que lleva desde 1985, dice que tiene ganas de escribir un libro para educar a los latinos, de los que asegura que son víctimas habituales de engaños fiscales por “pura ignorancia”.

Todo será si la salud le respeta, aunque pase lo que pase, Chacón es consciente de que es un ejemplo para la comunicad, un luchador que no quiere que el cáncer le gane la batalla ni le agote el espíritu emprendedor que le ha llevado hasta donde está.

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