Lleva una doble vida difícil de descifrar. Se sienta todos los días en un despacho de Glendale como cabeza de un bufete de abogados a resolver casos de inmigración, pero al mismo tiempo es una estrella de la televisión, presentadora de programas de justicia que han ganado todo tipo de galardones. Aunque nunca habla con ella ni mezcla una cosa con la otra.

Cristina Pérez es una abogada atípica, con una actividad que a simple vista nadie le adivina pero que ya le ha servido para ganar dos Emmys por “Cristina’s Court”, el programa en el que ha trabajado durante varias temporadas como jueza en el canal Fox.

Reconoce ser pionera en muchas cosas, como el hecho de haber sido la primera mujer jueza hispana en pasar de la televisión hispana —trabajó en “La corte del pueblo” de Telemundo— a la estadounidense, o la primera en ganar dos Emmy’s en su categoría, además de haber escrito dos libros y haber trabajado en la radio hablando de inmigración o hasta en Playboy Radio en un segmento llamado “Sex in the News”.

Pero su pasión verdadera son las leyes, el trato con el cliente, algo que experimenta a diario desde su oficina de Glendale. Además de todo lo anterior, Cristina es la fundadora de un despacho de abogados, Perez & Gonzalez, dedicada a resolver casos de inmigración.

Lleva en esto desde 1994, “tratando siempre con profesionales, desde atletas, hasta actores o inversionistas”, con la idea de que puedan desarrollar su sueño en Estados Unidos. Por eso sigue encantada con su trabajo, porque “la sensación de poder ayudar a una persona con su caso es simplemente indescriptible”.

Pérez sabe mucho de inmigración, y no sólo por su formación sino por su historia familiar. Esta atractiva abogada de 41 años, nacida en Nueva York un 27 de octubre, es hija de inmigrantes colombianos, llegados al país en 1963 en busca de una vida mejor. Y aunque su padre era “un hombre educado con ganas de mejorar su condición financiera”, la sociedad le cerró las puertas por ser un inmigrante hispano, siendo discriminado por su acento y condición.

“Fue muy duro para ellos”, explica Cristina, quien después se trasladó con su familia a Gudalajara, en México, para que su padre pudiera terminar los estudios de medicina en una universidad más barata que las de Estados Unidos.

Esta trabajadora incansable vivió después en San Ysidro, Hartford,  Conneticut y California, donde se licenció como abogada por UCLA.

Su clave en todos estos años siempre ha sido “ser sincera, decir siempre la verdad, por muy frustrante que pueda resultar”. Lo dice por el complicado y criticado sistema de inmigración de EEUU, “que obliga a buenos profesionales a esperar durante años por un permiso de residencia pese a que sus empresas los quieren y no han hecho nada ilegal. Es injusto”, confiesa Cristina con gesto de frustración.

Sin embargo, no pierde la esperanza y deposita su fe en el presidente Obama, del que espera grandes resultados en materia de inmigración, además de una reforma migratoria. “Si no lo hace, simplemente perderá el crédito político entre los latinos”.

Para Cristina, gentes como el congresista Luis Gutiérrez tienen la llave para lograr una reforma integral y comprensiva. También confía en que se amplíen los cupos de la visas para acabar con las eternas listas de espera. Un caso media de Green Card puede durar cinco años, llegando incluso, en casos extremos, a superar la década. Eso por no hablar de las separaciones famliares por problemas de papeles.

“Por eso sigo adelante y pienso seguir haciéndolo si Dios me da vida”, sentencia esta poderosa y convincente abogada y estrella latina de Los Angeles. 

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