Recuerda que con sus abuelos asistía mucho a la iglesia “y creo que eso influyó mucho en mi vida”. En cuanto a sus estudios, su familia siempre le decía que sólo tenía dos opciones: ser médico o abogado. Felizmente para su familia, Jessica desde su adolescencia supo que quería dedicarse a las leyes.

Después del divorcio de sus padres, su mamá -al igual que otros compatriotas- decidió venir sola a los Estados Unidos buscando una vida mejor. Cinco años después Jessica, que contaba con 14 años, se vino con su mamá y con dos sentimientos encontrados: felicidad plena porque viviría con su madre y tristeza profunda porque “extrañaba mucho a mis abuelos, quienes habían sido los ejemplos más grande de mi vida.” Al llegar a New Jersey aunque le embargaba la tristeza, “tenía la seguridad en mi mente y mi corazón de que aquí iba a tener muchas oportunidades e iba a lograr muchas cosas”. Al llegar empezó a trabajar a medio tiempo con norteamericanos, quienes pacientemente le ayudaron con el idioma. “¡Eso fue una bendición!”. Para reforzar su aprendizaje Jessica no dormía hasta que hubiera aprendido una nueva palabra por lo que siempre se iba a dormir con “el diccionario en la mano”. Esa pasión por la lectura es la misma que ha inculcado a sus dos hijos. Jessica tomó clases de Inglés como Segunda Lengua (ESL) y asistió durante ocho meses a la escuela secundaria para vivir la experiencia y ejercitar su mente.

Familia y Trabajo

Después de 21 años de casada y de haberse quedado durante 15 años en su casa para dedicarse a la crianza de sus dos hijos, Jessica pudo iniciar el ejercicio de su profesión. Durante el tiempo que permaneció en casa tomaba pocas clases en la universidad, porque no desmayaría hasta alcanzar su meta de ser abogada. Hoy por hoy su orgullo es saber que su hijo mayor asiste becado a una prestigiosa universidad y su meta es lograr lo mismo para su segundo hijo.

Actualmente Jessica Domínguez tiene cinco años ejerciendo su carrera en leyes en el área de inmigración. La particularidad de la labor que presta esta oficina a la comunidad es que toman con frecuencia casos pro-bono (el cliente no paga o paga una suma ínfima por el servicio legal) para ayudar a personas que de otra manera no pudieran recibir ayuda legal. Como lo manifiesta Jessica, su trabajo está regido por su vida espiritual, de allí su vocación de servicio en la que también participan su esposo y dos hijos, estos dos últimos sirven como intérpretes a abogados que no hablan español. “Ayudar a los demás nos trae mucha satisfacción. Y eso es lo que nos mantiene vivos todos los días”. La labor del bufete de Jessica ha trascendido entre la comunidad latina y son famosos los casos “imposibles” que ha ganado. Su dedicación y don de ayuda le han llevado a alcanzar un alto escalafón en tan solo cinco años.

Jessica aconseja a los inmigrantes que sigan adelante y recuerden que todas las buenas acciones son recompensadas, que encuentren tiempo para aprender el idioma porque es definitivamente importante.

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