Hasta tal punto llega el asunto, que si quiere comer tacos se va hasta Tijuana, porque ninguno de los de la zona le satisfacen.

“Yo pienso que es cuestión de negocio, para ahorrarse dinero”, explica. “En México te sale más barato, pero aquí el mismo producto es más caro. Cuando lo que quieren es ahorrarse dinero y cambian los productos. Yo no cambio y por eso me sale un poquito más caro. Pierdo en volumen pero me doy a conocer”, dice Bety, que sabe que su restaurante cada día es más conocido por su comida auténtica, por los huaraches y las quesadillas. 

Ahora los comensales fluyen hacia el restaurante, aunque la cosa no llegó inmediatamente ni fue tan fácil como suena. Primero hubo que pasar por la frontera con un coyote, jugarse el pellejo por llegar al otro lado y empezar con el sueño americano. Cruzó con su hijo pequeño, que ahora maneja el restaurante.

Hacemos un buen equipo. Yo me encargo de la cocina y él de atender las mesas”, cuenta. Ese mismo joven que cuida con mimo a los clientes y que se encarga de hacerle publicidad al negocio, cruzó con su madre por la frontera cuando sólo tenía un año de edad. “Tardamos unos 8 horas en llegar, caminando hasta Chula Vista”, explica Bety. “Nos vinimos a la aventura, pero ahorita ni por nada del mundo quisiera que alguien lo hiciera”, confiesa.

Después llegaron los primeros trabajos, en una tintorería, la lucha de todos los días para sacar a su familia adelante aunque no conocía a nadie, habiendo dejado atrás su México natal, donde tenía una tienda de lencería en el D.F. que se vino abajo cuando entró el Tratado de Libre Comercio y no pudo con la competencia de los productos llegados desde Estados Unidos.

El sueño americano pasaba por poner un negocio propio y se decidió por el restaurante. Empecé a preguntarme: ‘¿qué les cuesta hacer algo tan simple como unos chiles rellenos bien hechos?’, y ahí empezó la idea de algo casero, sencillo y familiar”.

Ahora ya llevan 11 años con el negocio abierto y nunca les ha ido mal. “Al principio fue muy duro, muy duro, empezar sin dinero para promocionar, pues sin publicidad no vienen. Pero empezó el boca a boca y ahora vivo sólo de esto”.

Lo dice porque Bety tuvo que trabajar durante cinco años en otro empleo para poder seguir ahorrando e invertir en el negocio.

Cumplido el sueño de darle de comer a sus compatriotas y muchos americanos auténtica comida mexicana, ahora tiene la meta de volverse a su país en cuanto pueda. “Sin mi hijo claro. No crea que ya quiera seguirme”, dice entre risas.

Bety’s Restaurant está ubicado en el 1464 Encinitas Blvd., Encinitas, CA, tel: 760-632-1512.

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