Las opiniones son variadas acerca de quién es el deportista más sobresaliente en los doscientos años de la historia de México. Unos se inclinan por leyendas como el clavadista Joaquín Capilla, el nadador Felipe “El Tibio” Muñoz o el pugilista Rubén “El Púas” Olivares.

Los hay más contemporáneos como Julio César Chávez, Rafael Márquez y Lorena Ochoa. Pero sobre todos ellos destaca Hugo Sánchez, un referente nacional e internacional en el fútbol durante muchos años, cuya hazaña de ganar cinco títulos de goleo en España se equipara a lo que hicieron en el ciclismo el español Miguel Indurain y el estadounidense Lance Armstrong.

El delantero mexicano no se cansó de hacer goles: de izquierda, de derecha, con la cabeza, de tiro libre y de las formas más espectaculares posibles. Luego venía la voltereta, herencia de su hermana, Hilda, quien era gimnasta. Así festejaba Hugo Sánchez Márquez sus dianas en Ciudad universitaria con sus Pumas queridos, en el Calderón con los colchoneros y en el Bernabeu con los merengues.

Era un jugador diferente, de esos que no se dan en maceta. De las fuerzas básicas de los Pumas de la UNAM pasó al primer equipo y no tardó en conquistar su primer título de goleo, sorprendiendo a propios y extraños con su agilidad felina, su olfato goleador y su maraña de pelo ensortijado que lo hacían inconfundible.

México le quedó chico al graduado en odontología, quien pronto brincó el charco para recalar en España. Y allá llegó dispuesto a ser el primer mexicano en conquistar la Madre Patria.

Fue duro. Sufrió el recelo y los insultos de jugadores y público que no le perdonaban la osadía, pero llegaron los goles y la cosa se fue calmando.

Con el Atlético consiguió su primer pichichi y se le abrieron las puertas del más grande de la capital española, el Real, donde se encontró con un grupo excepcional de jugadores: Michel, Butragueño, Gordillo, Camacho, etc., y “El Macho” se comió al Bernabeu con goles de todo manufactura. Aún está en la pupila el golazo que le metió al equipo logroñés, una chilena espectacular y perfecta. No faltó el listo que lo bautizó de inmediato como el “señor gol”, ordenando de atrás hacia delante el nombre del equipo de La Rioja.

Ya nadie lo paró. Cuatro títulos de goleo con los merengues lo pusieron en los cuernos de la luna. Su lugar en la historia ya estaba asegurado. En México era y sigue siendo un ídolo, a pesar de su poca afortunada etapa como entrenador del Tri…, pero ésa es otra historia.

 

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