“Un hombre llamado ciudad”, así fue considerado uno de los escritores más importantes del México contemporáneo, Carlos Monsiváis, quien falleció el pasado 19 de junio a causa de una insuficiencia respiratoria.

Ensayista, articulista, escritor y cronista, “Monsi” supo desenredar el México vivo, el México real y exponerlo con una narrativa deliciosamente irónica. Lo mismo narraba temas de política, que de arte, cine y literatura. Su inventiva no tenía límites. Le sacaba la última gota de jugo al diario acontecer de una de las ciudades más caóticas del mundo para ofrecerla a cucharadas y que el lector pudiera digerirla a gusto y sin efectos secundarios.

Merecedor de varios premios por su brillante labor literaria, Monsiváis no solamente se dedicaba a escribir; su capacidad crítica y su amplio panorama cultural lo hacían un asiduo invitado en programas de radio, televisión, películas, coloquios y una gran variedad de foros de distinta índole, lo que lo convirtió en una figura muy reconocida.

Su trabajo como articulista fue muy prolífico, colaboró con los diarios más importantes de México, como El Universal, Excélsior, Novedades y La Jornada, entre otros. Enemigo declarado del autoritarismo y el conservadurismo, Carlos se alineó con las clases bajas y con las causas del pueblo y apoyó las luchas de las minorías. Sus ídolos populares fueron El Santo y Cantinflas y supo encontrar en ellos prismas que le ayudaban a retratar mejor sus crónicas citadinas, de las que se siguen nutriendo pobres y ricos y de las que se seguirá hablando por generaciones.

José SaramagoEl Premio Nobel portugués
José de Sousa Saramago, escritor, periodista y dramaturgo, nacido en Azinhaga, Portugal el 16 de noviembre de 1922, se le adelantó a Carlos Monsiváis en el viaje sin retorno, pero al igual que éste, dejó tras de sí una estela difícil de borrar.

Un poeta del pueblo, Saramago tuvo un inicio poco prometedor como novelista. Luego de terminar sus dos primeras obras “Terra de pecado” y “Claraboya” (la cual no llegó a publicarse), allá por 1947, el éxito no lo acompaño y decidió dejar el asunto por la paz durante veinte largos años, durante los que trabajó en una compañía de seguros y otros menesteres.

Pero se estaba gestando en él la semilla que pronto daría fruto. Uno de sus trabajos ocasionales como periodista lo terminó por colocar como crítico literario y comentarista cultural, de donde absorbió conocimientos que a la postre le sirvieron para despertar el escritor que llevaba dentro.

Así llegaron las novelas, sus aportes como articulista consumado y las traducciones de grandes obras de Tolstoi y Maupassant, por ejemplo. De allí no pudo parar y por fin, en 1998 le otorgan el Premio Nobel de Literatura por su obra “Ensayo sobre la ceguera”, novela que fue llevada al cine en el 2008.

Una de las personas responsables del gran alcance de Saramago en el mundo de habla hispana fue su segunda esposa, la periodista española Pilar del Río, quien se convirtió en su traductora oficial en el idioma de Cervantes, el detonante para que el trabajo del escritor cruzara fronteras y fue reconocido en otras partes del mundo.

Don José Saramago pasó a mejor vida el pasado 18 de junio en su casa ubicada en Lanzarote, una isla ubicada en Las Canarias. Así pasó su vida, entre su querida tierra natal en la provincia portuguesa y su entrañable morada española. Afortunadamente, sus vastísimas obras literarias estarán allí, presentes para seguir conmoviendo corazones.

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