Los poderosos incentivos fiscales de países como México y Colombia se han convertido en una alternativa atractiva para las producciones de Hollywood

Pablo Scarpellini. Los Angeles | 20 de septiembre de 2013

El romanticismo y la crudeza de América Latina lograron seducir a los guionistas de Hollywood en una época en la que las aventuras con toneladas de clichés vendían sin importar las repercusiones de los afectados por tanto estereotipo falso. Corría la década de los 80 y no había internet para contrastar si lo del cerdo cruzando la carretera en un pueblo cualquiera sin asfaltar era el fiel reflejo de la realidad latinoamericana. Para la meca del cine daba igual Bolivia que Argentina o Colombia.

Hoy, Hollywood ha dejado de burlarse. El panorama para el sur del continente americano es notoriamente distinto, con economías más saneadas que en los 70 y los 80, perspectivas reales de progreso para una clase media en expansión y con una estabilidad política que ha logrado convencer a los grandes gigantes de la inversión a nivel mundial.

El cine, como todo lo demás, no ha sido ajeno al proceso y por eso la proliferación de rodajes en países con los incentivos adecuados no ha cesado. Solo este año, varias películas de peso en Hollywood han pasado por lugares de América Latina como México, Colombia o Puerto Rico, territorios con legislaciones cambiantes para abrir los brazos a las producciones estadounidenses.

“Elysium”, protagonizada por Matt Damon y con un presupuesto de 115 millones de dólares, se rodó en parte en México, un ahorro considerable en mano de obra y en incentivos que ha sido fundamental para sacarle rendimiento financiero a la película. En total ha recaudado 148 millones de dólares, mucho menos de lo esperado inicialmente por el estudio.

Es uno de los títulos que se ha subido al carro de una nueva ley al otro lado de la frontera que combina la devolución de una parte de lo invertido con exenciones fiscales. En total, significa un ahorro del 17,5 por ciento, siempre y cuando la inversión no baje de los 3,2 millones de dólares.

La última cinta con Robert Redford como protagonista, “All Is Lost”, estrenada en este pasado Festival de Cine de Cannes, no alcanzó esas cuotas, aunque los responsables terminaron hablando maravillas de la experiencia mexicana. Neal Dodson, el productor, aseguró a The Hollywood Reporter que no hubieran podido hacer la película en ninguna otra parte, aprovechándose de la naturaleza única de los Baja Studios, al sur de Tijuana. Allí se rodó la muy taquillera “Titanic”, además de otras cintas como “Master and Commander”, de Peter Weir, y “Pearl Harbor”, dirigida por Michael Bay.

Más agresivo en el empeño ha sido el presidente Juan Manuel Santos de Colombia. Su ley del cine eleva hasta el 40 por ciento el reembolso en concepto de gastos de rodaje y otro 20 por ciento para asuntos de logística como los hoteles, la comida y el transporte. Además, el mínimo de inversión es considerablemente más bajo que en México, con un listón ubicado en 590.000 dólares, lo que ha alisado el terreno para directores como el español Lluis Quilez, que este año rodó “Out of The Dark” en el país cafetero.

Uno de sus colegas, Brad Furman, también se inclinó por un territorio de habla hispana, Puerto Rico, para ambientar el nuevo thriller “Runner, Runner”, con Justin Timberlake y Ben Affleck.

Pero no solo son las condiciones favorables de algunos de esos países de América Latina las que han provocado el cambio paulatino. En el mismo Los Angeles, un día de rodaje cuesta una verdadera fortuna, lo que ha obligado a muchos directores a buscar parajes menos agresivos para llevar a cabo sus proyectos.

Simon Brand es buen ejemplo de ello. El cineasta colombiano, responsable de una de las cintas más taquilleras en la historia de su país, “Paraíso Travel”, confirma lo que ya es un secreto a voces en el gremio: que la presión de los sindicatos es demasiado intensa como para no pensar en salir de Los Angeles. “Sencillamente es una cuestión de dinero, y aquí es demasiado caro”.

Para Brand no es una situación nueva. “Esto lleva sucediendo muchos años, con unas comisiones tan fuertes por trabajar con actores del sindicato, que al final hay que recurrir a trabajar en otro sitio. Es una fuga de rodajes constante basada en la intransigencia que impera en Hollywood a ese respecto”.

Lo vivió, sin ir más lejos, hace unas semanas durante el rodaje de un anuncio con el británico Clive Owen como estrella. El porcentaje que pretendía llevarse el sindicato de actores de cine (SAG, por sus siglas en inglés) era tan alto, que al final el rodaje fue en Ciudad de México. “A mí me encantaría quedarme en Los Angeles y rodar cerca de mi casa, pero la realidad es muy distinta”.

Es una situación que trató de corregir el antiguo alcalde de Los Angeles, Antonio Villaraigosa, y que tiene en agenda como asunto prioritario el nuevo en el puesto, Eric Garcetti. El plan pasa por lograr una legislación en Sacramento suficientemente sólida que permita a California competir con estados como Nuevo México o Louisiana, que han conseguido “robarse” muchos de esos rodajes que no pueden con la carga financiera de quedarse en casa.

Brand, bogotano de 42 años, representa también parte del movimiento a la inversa, el de la llegada de talento latinoamericano a tierras californianas. Y en eso, el año pasado fue prolífico, con la nominación de la primera cinta chilena al Oscar como mejor películas extranjera, “No” de Pablo Larraín.

Además han sonado nombres como Andres Muschietti, el director argentino de “Mama”,  y el de Sebastián Silva, chileno y responsable de “Magic, Magic”. Hay talento latino para rato.

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