Pablo Scarpellini. Los Angeles | 14 de diciembre de 2012

Se ha ganado a pulso el elogio. Es versátil. La capacidad de adaptación de Jessica Chastain, en pleno proceso de efervescencia, la ha situado en los primeros puestos de salida, en la escueta lista de las mejores actrices del momento.

Empezó a hacer ruido el año pasado con su brillante papel de Celia Foote en “Criadas y señoras” —con nominación a un Oscar a la mejor actriz secundaria incluida— y desde entonces no ha parado.

Fue un atracón monumental el de 2011, una paliza gratificante que hizo de su cara y su nombre un valor reconocible en Hollywood después de años de trabajo y sacrificio para meter la cabeza. Doce meses más tarde, está a punto de coronar con su papel más importante, el de la agente de la CIA que hizo posible la cacería a Osama Bin Laden.

Esa apuesta de la reconocida Kathryn Bigelow, “Zero Dark Thirty”, baila al son de Chastain de principio a fin, una actriz sencilla pero con la determinación de las grandes. Hay futuro para esta californiana de 35 años.

Pese a su gusto por los roles complejos, este parece un caramelo especialmente difícil de digerir. ¿Qué le atrajo hacia un papel tan espinoso?

La atracción principal no es otra que Kathryn Bigelow. Ella ha sido mi heroína durante mucho tiempo. Me llamó para que leyera el guión y no lo dudé. Hizo que mi corazón latiera muy deprisa mientras lo leía porque no sabía nada sobre esta mujer de la CIA (Maya) que fue a por Bin Laden.

¿Le ha aclarado las ideas sobre quién era Osama Bin Laden?

Me quedó claro que la misión era matarle y no traerlo vivo para juzgarlo y convertirlo en un gran evento para los medios de comunicación. Era el terrorista más perseguido del mundo.

¿Diría que Obama acabó complicando el proceso, que le tembló el pulso antes de matar a Bin Laden?

Totalmente. Se nota el cambio con Obama, porque de repente no se podía torturar de acuerdo a sus órdenes.

¿Cómo vivió las escenas de tortura?

Fue muy difícil rodar las escenas de tortura, pero soy una actriz y es mi trabajo. Sé que para Kathryn también fue muy incómodo porque estábamos en una cárcel jordana en la que teníamos determinadas horas del día para trabajar y no mezclarnos con los prisioneros.

¿Le ayudó a meterse en situación el estar en semejante lugar?

Me ayudó a encontrar el personaje de Maya de una forma mucho más sencilla. El hecho de sentir la discriminación en ese mundo por ser mujer me ayudó a usar esa frustración para interpretar el papel.

¿Le atrae el mundo árabe después de lo que ha vivido?

Tuve momentos complicados, como en Jordania, donde fui a cenar con tres compañeros y el camarero le dio los menús a los hombres y a mí me ignoró. También fuimos a una mezquita con Kathryn (Bigelow) con la cara bastante cubierta, y aun así nos sacaron para que nos tapáramos más con un velo negro. Me sentí invisible en el mundo árabe y eso no me gustó. EC

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