El maestro termina la labor como si un fuera arte, con esmero y respeto.  Ante el dolor de los que le sobreviven, el trabajo realizado por la recién formada pareja de embalsamador y asistente, sorprende, gracias a ellos la occisa se va a su última morada en paz y más hermosa que nunca.

Impetuosamente, se escucha el “Himno a la Alegría” de Beethoven, la sinfónica toca a todo lo que da.  El del cello es nuestro carismático amigo Daigo, no hay mucho público.  Tras bambalinas, el dueño se acerca para decirles: “debido a la crisis… la orquesta desaparece”.  Los músicos se quedan sin trabajo. 

En casa, un inspirado Daigo toca el instrumento que tanto ama.  Mika, su jovial esposa, llega.  Él le dice lo de la orquesta, ella, con actitud positiva contesta: “todo está bien, yo ayudaré”.  Aún deben el cello, ¿cuánto? 20 millones, jamás tendrían tanto dinero, hay que devolverlo.  Él le dice que hay que empezar de nuevo en la villa donde su madre, antes de morir, le dejó una humilde casita.  Ella acepta.

En el pueblo, Daigo y Mika buscan trabajo en los avisos clasificados, les llama la atención uno, que dice: “Departures”. Piensan que es relacionado con una agencia de viajes.  Él va a la entrevista, en la extraña oficina hay tres distintas urnas paradas en la pared.  La secretaria le dice que espere, cuando llega el jefe, lo contrata en el acto, le da un buen pago correspondiente al primer día de trabajo, pero él aún no sabe que es lo que tiene que hacer. 

Al siguiente día, su primera misión, la peor de todas, una muerta con dos semanas encerrada en su casa.  El hedor y la peste le provocan vómito, al grado del desmayo.  Lo cómico de la escena hace que el público se ría a carcajadas.  En el autobús, Daigo siente que apesta, que todos lo miran, se baja, llega a los tradicionales baños nipones donde su madre lo llevaba de chico, se mete a bañar y a relajarse, cuando sale reconoce a la dueña, una mujer mayor,  trabajadora y gran amiga de su madre. 

De regreso al hogar, Daigo abraza a su esposa con gran desesperación, se había enfrentado a la muerte por primera vez, aferrándose a ella, quiere sentirse vivo y amado…  Su desesperación no le permite comunicarle a su compañera todo el dolor que lleva dentro, no pudo llegar al funeral de su madre, ni sabe si el padre que lo abandonó de chico vive o muere.  Tampoco puede decirle lo que hace en su nuevo trabajo, algo que a la postre le traerá problemas, porque el honor se pierde ante la falta de aceptación, pero es bien sabido que el honor se gana con respeto y profesionalismo, porque el trabajo ennoblece. 

La música evoca los recuerdos, una piedra de río le trae vagas imágenes del padre al que casi no conoció.  En los distintos funerales a los que asiste hay momentos muy íntimos, cada uno de ellos acompañado de sentimientos distintos: odio, rencor, agresividad, intolerancia, nostalgia, agradecimiento, amargura, tristeza, desesperación, arrepentimiento, perdón, soledad, desolación…

Hay muchas otras películas donde la necrofilia y el humor negro se hacen presentes, como en las mexicanas: “El esqueleto de la Señora Morales”, “Macario”, “Los Caifanes”, “Mecánica Nacional”, “Los amantes fríos”, “La plaza de Puerto Santo”, “Las cenizas del diputado”, “Cronos”, “Santitos”, “Morirse en domingo”, “Morirse está en hebreo” y “Luz Silenciosa”.  La cubana: “La muerte de un burócrata”.  Las americanas: “Rebeca”, “The Big Lebowski”, “Miss Little Sunshine”, “Los tres entierros de Melquíades Estrada”, “Eulogy” y recientemente, “Sushine cleaning”.  Además de “L’imbalsamatore/The embalmer/El embalsamador” de Italia, “After life” de Japón.   Y las británicas: “The young poisoner’s hanbook”, “Four Weddings and a Funeral”, “Death at a funeral” y últimamente: “Is anybody there?”   

“Departures”, con gran maestría, muestra los sentimientos de compasión y misericordia con los que estamos dotados los humanos y que afloran en esos momentos difíciles.  Las carcajadas del principio se vuelven lágrimas al final, lo que nos dice que la muerte nos llega a todos por igual, aunque siempre queden los recuerdos… porque morirse no es el fin… 
A mí solo me queda darle gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de ver una de las más hermosas películas que jamás hubiese visto en mi vida y por permitirme recomendársela a todos ustedes ¡no se la pueden perder!

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