Constituyen, indudablemente, uno de los dúos más potentes y atractivos del cine actual en español. Son un mexicano y un español, el uno, director nominado a un Oscar y el otro, un actor español ganador de una estatuilla de la Academia de Hollywood por su tremenda interpretación de un psicópata en “No Country for Old Men”.  Ahora, Javier Bardem y Alejandro González Iñárritu se han unido para firmar la cuarta película del mexicano, un drama intenso ambientado en los barrios bajos de Barcelona.

Y como todas las cintas anteriores del socio y amigo de Guillermo del Toro, se trata de una historia cruda, con mucha carga de realidad y de capacidad exploratoria en facetas desconocidas del ser humano para el gran público. Iñárritu, que ha vuelto a rodar en español después de haberse pasado al inglés con “Babel” en 2006, narra la historia de Uxbal —personaje interpretado por Javier Bardem—, un traficante de artículos fabricados por inmigrantes chinos y vendidos por inmigrantes africanos, también ilegales.

El protagonista de la cinta vive en las afueras de Barcelona con sus dos hijos, como padre separado y responsable ante la incapacidad de su mujer de hacerse cargo de los pequeños por sus problemas con el alcohol y la droga. Además de toda esa carga, Uxbal tiene un don especial, el de ver los espíritus de las personas que acaben de fallecer.

En su interacción con esos fantasmas, consigue ganarse un dinero extra haciéndoles encargos para que consigan el descanso eterno sin remordimientos. Pese a todo, es una vida sórdida que no termina de funcionar bien, especialmente cuando descubre que tiene un cáncer terminal.

Y aunque la cinematografía sigue rayando a gran altura, el resultado es una cinta oscura, difícil de digerir y con una carga pesimista que ahoga por momentos, aunque para el mexicano resulte su cinta más completa y esperanzadora, como le comentó a los periodistas reunidos en el festival de cine de Cannes, en Francia.

Pero detrás de todo eso está el gigante, quizá el mejor actor del momento, Bardem, un hombre capaz de meterse en personajes de todo tipo de perfil y con un nivel interpretativo sublime en su mayoría. Atraviesa además su mejor momento, a caballo entre el cine europeo y la mejor versión de Hollywood, la del cine de autor menos taquillero, que a la postre le sirvió para llevarse el Oscar al mejor actor secundario hace dos años.

Con esta cinta no estará presente en los premios de este año en categoría invidual, pese a que ‘Biutiful’ ha sido nominada a mejor película extranjera en los Globos de Oro y apunta a los Oscars en la misma categoría. Además, está a punto de tener su primer hijo, fruto de su relación con la otra gran estrella española del momento en Hollywood, Penélope Cruz.

Para Bardem, su secreto está en no actuar, sino dejarse llevar por el personaje, uno que tiene que defender siempre sin importar quién sea o lo que tenga en común con el actor, poco o nada generalmente. “En eso consiste mi trabajo, en ser, antes que en ser actor”, dijo el madrileño en una entrevista reciente. “Aquí trato de mostrar a alguien que quiere sobrevivir en su mundo y que no quiere perder lo último que le queda: el amor”.

El trabajo de González Iñárritu, profundo y denso pese a las críticas desfavorables, es una de las cinco producciones que forman parte del acuerdo firmado por el director junto a sus otros dos socios mexicanos, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón con los estudios Universal, un contrato de 100 millones de dólares que garantiza un futuro de cine para este trío.  

 

Anuncios de interés en Los Ángeles
SHARE

Más artículos de interes