No oculta que este papel es uno de los que más le han dolido en su carrera. No es fácil meterse durante seis semanas en la piel de una madre que pierde a un niño de cuatro años y liberarse de la carga como si nada hubiera pasado. Y por eso no pudo dormer bien, y se despertó varias noches entre sollozos, presa del pánico de estar rodando una cinta que quizá sea su mejor trabajo hasta la fecha.

Sobre eso, Nicole Kidman prefiere no pronunciarse y esperar a que los jurados de los premios que vienen por delante decidan. De momento, su interpretación de Becca en “Rabbit Hole” le ha servido para entrar en las listas de nominadas a los premios del Sindicato de Actores y de los Globos de Oro, y los Oscar ya están al caer.

La australiana de 43 años, ganadora de un Oscar por “The Hours” y casada con el músico Keith Urban, se conforma con lograr un papel sobresaliente cada dos años, uno de esos que elevan su capacidad artística a otra categoría. Para conseguir éste, tuvo que sumarse al proyecto como productora y meterse de lleno en la tarea de lograr financiación. Hoy, su poderoso drama junto a Aaron Eckhart es una realidad que puede suponerle otro montón de premios para su colección.
 
¿Diría que este es su mejor trabajo hasta la fecha?
No creo… no lo sé. En realidad no sabía hace dos años si iba a conseguir un papel realmente profundo. Es algo que sólo me ha pasado un par de veces, con “The Hours” y “The Others” para alcanzar un sitio que sientes que es donde debes estar. Es frustrante para un actor saber que tienes mucho que dar y que no tienes la oportunidad, o simplemente que el papel no es lo complejo que debe ser.
 
¿Cómo ocurrió el milagro entonces?
Con un montón de súplicas (dice entre risas). Es una de esas películas que tratamos de financiar en medio del crash económico, por lo que decían que nadie quería ver una película como esa sobre una pareja que pierde a su hijo en un momento así. Teníamos un presupuesto inicial en ese momento y nos dimos cuenta de que era totalmente surrealista. Así que al final acabamos por reducirlo a un cuarto de lo planeado, lo que es bueno porque nos liberó de una gran cantidad de presiones, y no tuvimos que defenderla tanto. Los que pusieron el capital se quedaron satisfechos y nosotros también por poder hacer la película que queríamos. Tuvimos control creativo sobre la cinta.
 
¿Cree que una historia tan desagarradora afectó su manera de ver las cosas como madre?
Sin duda el material me atrajo porque es algo que da miedo. Es extraño, pero como actores tenemos la tendencia a ir hacia lugares que son terroríficos para uno pero que te enriquecen, que merecen la pena. Creo que si la gente está viviendo una situación así, yo quiero pretender estar pasando por lo mismo, y si no lo puedo hacer de la forma más intensa posible, me frustro y siento que me estoy defraudando a mí misma. Pero claro que tuvo un efecto en mi vida.
 
¿Hasta qué punto le afectó la tristeza de la historia?
Pensé que iba a ser capaz de manejarlo bien, aunque no logré dormir demasiado bien durante el rodaje. Es algo que ocurre cuando hago una película, pero en esta en particular me desperté sollozando, con pánico, lo que es horrible y varias veces durante la noche. Me pasó como en tres ocasiones, que para mí es mucho en el plazo de seis semanas.
 
¿Es cierto que retrasó el rodaje por el nacimiento de su hija y por ser un tema espinoso en ese momento?
Sé que se dijo eso, pero no es cierto. El problema fue encontrar el dinero para financiarla.  
 
¿Sufrir, de alguna manera, es la manera de conseguir hacer un buen papel?
Creo que sí. Para mí al menos es imprescindible estar concentrado y metido en el personaje. Por eso, cuando estoy en el set no puedo con las conversaciones intrascendentes. Puedo ser educada, pero no puedo sentarme a charlar y que el director me diga “acción”, y ponerme a rodar como si nada. Así es como me formaron y no voy a cambiar.
 
Contaba el director que estuvo mucho tiempo encerrada en una habitación durante el rodaje.
Cierto. Un rodaje así requiere que el director te proteja y te meta en una especie de burbuja. A raíz de eso, te vuelves muy íntima con todo el entorno. Quiero decir, que llegas a tener conversaciones que normalmente no tendrías con nadie que no fuera tu marido. Y de repente me veo charlando con un hombre, Aaron, que en realidad no conozco, y nos acabamos volviendo tan cercanos. Eso es muy importante, es una manera sagrada de trabajar.

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