Brasil es sinónimo de alegría, música y fútbol. Incluso los colores y diseño de su bandera nos provocan una sensación de un lugar exuberante y tropical. Y qué me dice del fútbol, toda una religión en el gigante sudamericano que, con su “jogo bonito”, ha conquistado a través de generaciones a los amantes de este deporte en todo el mundo.

Seguramente esa misma sensación tuvo algo que ver para que Brasil se llevara el premio mayor; esto es, organizar el Mundial de Fútbol 2012 y Los Juegos Olímpicos dos años después.

Pero hablemos de lo que sucedió la semana pasada en Copenhage, Dinamarca, sede del Comité Olímpico Internacional (COI), cuando su presidente, el belga Jaques Rogge, anunció finalmente a la ciudad brasileña de Río de Janeiro como la ganadora por sobre Madrid, provocando con ello que todo un país celebrara a ritmo de samba y en ambiente de carnaval. Esta fue una decepción más para Madrid, ya que la capital española ha perdido la sede en tres ocasiones en que se ha postulado, esto pese a que en esta pugna contó con el apoyo del ex presidente del COI, Juan Antonio Samaranch. Por su parte, Tokio y Chicago no pudieron superar la primera ronda de votaciones.

De esta forma, Río se convertirá en la segunda sede latinoamericana en la historia de los Juegos Olímpicos, luego de que Ciudad de México lo fuera en 1968, algo que sin duda pesó a la hora de decidirse por el ganador ya que con ello el comité organizador se dio cuenta de que unos juegos no necesariamente se tienen que organizar en uno de los llamados países del primer mundo, y de que era hora de nivelar un poco la balanza.

Creo que hicieron la mejor elección. Si alguna ciudad se distingue por lo cálido de su gente y por su contagiosa alegría, ésta es Río de Janeiro, “la Cidade Maravilhosa”, célebre por su carnaval, sus playas, su fútbol y por sus preciosas atracciones turísticas, siendo dos de las más representativas el Cristo Redentor del Cerro del Corcovado y el Pan de Azúcar, sin dejar de nombrar a las mundialmente conocidas playas de Copacabana e Ipanema. Allí también está el impresionante estadio Maracaná, testigo de las glorias de Pelé, Garrincha, Zagallo, Zico o Romario con la camisa de la selección brasileña… y pare de contar.

Río es una ciudad cosmopolita que tiene la alegría tatuada por todos lados, por eso no dudamos que los cariocas serán unos excelentes anfitriones del máximo evento deportivo. Solamente hay algo que podría ser un problema, la alta tasa de criminalidad y la pobreza de las favelas, pero eventos como éste pueden servir de pretexto para hacer mejoras en los sectores más necesitados; sería un acierto más del gobierno brasileño, que sigue en su lucha por sacar al país del tercer mundo…, ¡y parece que lo está consiguiendo. ¡En hora buena!

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