Esta era su gran oportunidad, su momento de grandeza. Por primera vez el Mundial de Fútbol se jugaba en el continente negro. Seis selecciones se plantaron para hacer historia, pero conforme avanzaba la primera ronda fueron cayendo como moscas y el sueño quedó en eso, en solamente un sueño.

Ghana fue el único que cumplió, logró avanzar a octavos de final en un grupo bravo donde disputó la cima nada menos que con Alemania. En cambio, los otros cuadros africanos se despidieron temprano de la Copa del Mundo.

La selección de Sudáfrica, anfitriona del torneo, no tuvo mucha suerte. Hizo su mejor esfuerzo, incluso derrotando a Francia, pero no le alcanzó para superar la primera etapa.

Al resto de los competidores africanos les fue como en feria. Nigeria, Argelia y Camerún hicieron poco y nada; en tanto que Costa de Marfil opuso cierta resistencia en el “grupo de la muerte”, pero terminó sucumbiendo ante los dos favoritos del grupo.

Una posible causas de la debacle africana es que sus equipos siguen presentando cierta inocencia en el terreno de juego. Son duros, veloces y fuertes, pero les falta ese algo que tienen las grandes selecciones.

Muchas veces tejen jugadas muy buenas, pero a la hora de la definición la chorrean o terminan por elegir mal el remate final. Dan la sensación de ser muy peligrosos, pero las fallas que presentan al frente los desespera y terminan por hacer agua en todos los frentes. Lo mismo pasa cuando les toca defender. A veces es muy difícil pasarlos por la fortaleza y altura de sus jugadores, pero a menudo les falta el colmillo largo y retorcido que tienen por ejemplo los argentinos, los brasileños o los alemanes; entonces llegan a cometer cada pifia que les cuestan goles.

Otro detalle que no se puede pasar de largo es el hecho de que muchos de estos equipos todavía les cuesta manejar un partido y tienden a desesperarse cuando se ven abajo en el marcador. Pero todo radica en lo colectivo, porque en lo individual varios jugadores han destacado en lo que va del Mundial. Lamentablemente, eso no ha sido suficiente para ayudar a sus equipos a superar la primera ronda de un torneo que se les fue de las manos.

Ahora sólo queda Ghana. Las ‘estrellas negras’ quieren pisar fuerte y demostrar que no sólo en torneos juveniles son potencia. Por el momento, son los únicos en carrera y la esperanza de todo un continente.

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