El equipo mexicano batalló para vencer a su acérrimo enemigo en la final de la Copa Oro con un solitario gol de Jonathan dos Santos

Era la final programada, la que todos querían: público, federativos, organizadores y televisoras. El escenario, el Soldier Field de Chicago, puesto para una batalla épica entre dos rivales que querían revivir la animosidad deportiva que se había diluido. Como siempre, mayoría mexicana en las gradas. Afición sufrida pero fiel, a la espera de que su equipo mejorara una imagen borrosa que dejó ante haití en semifinales de la Copa Oro.

Estados Unidos respondió apenas sonó el silbatazo inicial. No quería ser víctima en su propia casa. Presionó a México en la salida y se adueñó de los primeros minutos jugando en el área rival. Muy pronto tuvo llegadas de peligro sobre el arco mexicano, la más clara en un pelotazo a Jozy Altidore que le ganó el uno a uno a Héctor Moreno y cuando se disponía para el remate a gol, la echó fuera ante la salida de Ochoa. Había miedo y descontrol en la zaga de los aztecas. Pasado el soponcio, los del “Tata” Martino empezaron a nivelar las acciones y proponer un poco más al ataque.

Raúl Jiménez no estuvo cómodo ante la doble marca. El joven revelación, Uriel Antuna, tuvo su peor día. Guardado se preocupaba más por defender y cuando fue al frente mandó sus remates a las nubes; del otro lado, Pulisic era el único que intentaba darle más profundidad a las llegadas de su escuadra. Altidore no volvió a aparecer y Arriola se vio más por sus peleas personales que por su aportación al ataque.

El segundo tiempo inició otra vez con asedio norteamericano. Ochoa se agigantó ante un remate frontal de Pulisic. Guardado salvó en la línea un remate de cabeza de Jordan Morris. Y tras la tempestad, vino la calma. Todo cambió y fue México tomó las riendas del partido.

Edson Álvarez se multiplicó en la marca. Jonathan dos Santos fue una hormiguita incansable. Moreno se afianzó. El “Chaka” Rodríguez dominó. Pero el diferente, el que se salía del libreto, el inspirador, fue Rodolfo Pizarro. El de los Rayados dio un partidazo. Traía loco a Michael Bradley, el más experimentado de Estados Unidos. No lo podían detener puesto que la pisaba (la pelota), cambiaba de dirección y la entregaba donde se suponía que no debía hacerlo. De él llegó la jugada del gol del gane. Cuando se la dio a Jiménez en el área, este demostró toda su calidad y se la dejó de taco a Dos Santos, quien un poco desnivelado, alcanzó a meter una cachetada con la zurda que se anidó en la parte superior del arco. Con el gol todos los mexicanos respiraron aliviados porque no tuvieron que sufrir con la llegada de los tiempos extras ni con los penales.

El 1-0 se mantuvo y así México pudo gritar y saltar y levantar su octava copa de este torneo. ¡El Tri vuelve a ser campeón de la Concacaf y ya puede decir: misión cumplida! EC

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