El equipo oro y negro del LAFC dio un golpe de autoridad sobre su acérrimo rival y se puso a dos partidos de jugar su primera final   

Con un estadio vibrante y lleno de cánticos de los rabiosos aficionados del LAFC, el equipo de casa no quedó mal y batió 5-3 a su vecino y más enconado rival, el Galaxy. La victoria le supo a miel pura, porque los de Carson ya lo tenía de cliente en sus pasados cinco enfrentamientos, de los cuales el cuadro de Bob Bradley no había ganado uno solo… hasta el del pasado jueves.

Gracias a su impresionante temporada de 72 puntos, LAFC tuvo la fortuna de recibir este decisivo duelo en su casa, cobijado por esa muchedumbre vestida de negro que, con banderas y bombas de humo, hacen su parte para demostrar que allí solo los chicos malos son los que mandan. Pero no fue fácil, los de Barros Schelotto lucharon con uñas y dientes para emparejar los cartones, quedándose a nada de echarle a perder la fiesta a los locales.

Punto y aparte fue el enfrentamiento entre las figuras de cada escuadra: uno, Ibrahimovic, altivo, vociferante, cínico, pero letal de cara al arco; contra un Carlos Vela más fino y más protagonista que nunca. Al final el mexicano demostró por qué fue el campeón de goleo por encima del gigante sueco. Vela marcó dos tantos, dio una asistencia y fue el comandante del ejército negro y oro.

Apenas en su segunda temporada como franquicia de la MLS, el equipo de Los Ángeles está en la antesala de su primer título. Solo le falta sortear dos partidos más, el primer en la final de la Conferencia del Oeste contra Seatlle Sounders, un equipo duro que está acostumbrado a jugar los playoffs. De pasar esta aduana el rival de la gran final saldrá del choque entre Toronto y Atlanta, nada menos que los campeones de los dos últimos torneos. Parece optimista decirlo, pero LAFC ya huele a campeón. EC

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