La selección de México mejoró su nivel ante Costa de Marfil, pero fue un partido amistoso. Ahora se juega la vida contra catrachos y gringos por el pase mundialista

Pepe Penales. Los Angeles | 30 de agosto de 2013

Llegó la hora. La selección mexicana mejoró el ánimo. El “Chepo” volvió a sonreír. Los que llamó para el amistoso ante Costa de Marfil lo dejaron satisfecho. Varios repiten. Otros desaparecen.

Esta es la ruta del Tri. El Coloso de Santa Ursula estará lleno el 6 de septiembre. La gente, fiel como siempre, estará apoyando. Un contingente de valientes catrachos ya se apuntaron para ver el duelo. Prensa y jugadores de la bicolor centroamericana levantan sus voces, amedrentan, advierten, retan. Cualquier distracción vale para amagar al rival.

México espera, ansioso, acabar con la mala racha. No se puede permitir dejar ir puntos, no en casa, no ante Honduras. Sería alargar el sufrimiento y poner en riesgo la clasificación al mundial brasileño.

Los naturalizados serán de la partida. Esta vez De la torre prescindió de Barrera, de Marco Fabián, de Layún, de Montes, de Ochoa y de, como no, Vela. Confía en sus conocidos. Torrado, Gio, “Chicharito”, Guardado. La defensa sigue igual. “El Chaco”, Damián y Reyna son la palanca de cambio.

Trato de balón pero ofendiendo. Sin traslados horizontales que no hacen daño. Con toda la artillería sobre el enemigo. Sin temblorinas ni consideraciones. Así se debe asegurar el triunfo. Pero hay que andar finos arriba. Si no cae un golecito en los primeros 25 minutos del partido, la cosa se empezará a poner peliaguda. La gente, ávida de gritar goles, pueden desesperarse y voltearse en un dos por tres. A eso le apuesta Honduras, a desesperar a los verdes y luego irse a la yugular.

Después viene Estados Unidos, el día 10. Duro, empecinado, disciplinado y con ganas de ganarle el Tri. Los gringos son punteros, pero no regalarán nada, no ante México, no ante el archienemigo. No les importará que el vecino del sur necesite los puntos. Lo suyo es también por el orgullo.

Columbus, Ohio, será territorio minado. El Tri no tendrá el apoyo que encuentra en otras ciudades, aunque no faltarán los sombreros, los penachos y las matracas afines a la causa. El recibimiento será frío, áspero, amargo. Los de Klinsmann no quieren perder y lanzarán todo su arsenal. México deberá mantener la calma, no desesperarse y hacer su partido, el que les asegure un lugar en el barco que va a Brasil. Difícil se ve la ruta del Tri. EC

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