Se acabó la espera. Luego de 43 años de existencia, los Santos de Nueva Orleans lograron su primer título de la NFL al derrotar de forma convincente a los favoritos Potros de Indianápolis por 31-17, en lo que fue la edición número 44 del Súper Tazón.

Considerado uno de los eventos deportivos más vistos en todo el mundo, el duelo entre Santos y Potros tuvo todos los ingredientes para mantener a los espectadores pendientes en todo momento y atentos a lo que sucedía en el emparrillado: Jugadas sorpresa, corridas espectaculares, pases precisos, goles de campo kilométricos y una intercepción fueron algo de lo que se vivió al filo de las butacas y en todos los hogares donde seguían por televisión el encuentro.

Eran pocos los que apostaban a favor de los Santos, ya que gran parte de su historia han sido considerados un equipo de relleno que nunca había ganado nada. Además, enfrente estaba un conjunto sólido y con experiencia en finales que contaba en sus filas con Peyton Manning, uno de los mejores mariscales de la época.

En los primeros minutos del partido todo parecía indicar que no habría sorpresas y que los Potros iban derechos a ganar su tercer anillo de campeonato al encajar diez puntos en la pizarra sin ninguna respuesta. Pero hasta allí llegaron, dejaron con vida a una ofensiva que, poco a poco y gracias a dos goles de campo de Garrett Hartley, se pusieron a 4 puntos antes de irse al descanso.

Una vez terminado el espectáculo de medio tiempo —con The Who como amenizadores de la gala—, Hartley volvió a hacerse notar luego de patear en corto sorprendiendo al rival, lo cual fue bien aprovechado por sus compañeros para recuperar el ovoide y encaminar a la ofensiva a una anotación de Pierre Thomas. Su veloz escapada de 16 yardas llegó tras un pase pantalla del mariscal de campo Drew Brees, que a la postre ganó el trofeo al mejor jugador del partido.

Jugadas clave como la de la patada corta fueron las que redituaron puntos para los Santos. Por otro lado, el amplio repertorio de pases de pocas yardas de Drew Bress fueron veneno puro para la defensiva de los potros. Entonces, cuando Manning buscó poner al equipo de regreso en la pizarra llegó otra especialidad de la defensiva de Nueva Orleans, el robo de balones, esta vez a través de una intercepción del esquinero Tracy Porter, quien corrió 74 yardas hasta llegar a las diagonales dejando al rival herido de muerte. Fue con esa jugada con la que se escribió el capítulo final que le daba al cuadro negro y oro el primer título de su historia.

Aparte del reconocimiento a la gran labor de Drew Brees como JMV, también se debe llevar las palmas el pateador del equipo, Garret Hartley. Calladito, pero mantuvo al equipo en la pelea con sus tres goles de campo de más de 40 yardas y con la patada corta luego del medio tiempo, esto sin contar los puntos extras.

Este campeonato será muy recordado por los aficionados de los Santos y por toda Nueva Orleans, ya que en un momento se pensó que se quedarían sin franquicia debido al huracán Katrina que devastó la ciudad hace más de cuatro años, obligando con ello a que el equipo jugara en otras ciudades. Pero el Superdomo –casa de los Santos– se reconstruyó y al igual que la ciudad, el equipo comenzó a resurgir de entre las ruinas.

Cómo cambian las cosas. Antes del partido muy poco se hablaba sobre el mariscal de los Santos Drew Brees; en cambio, la mayoría dirigía sus comentarios sobre la gran estrella de Indianápolis Peyton Manning y sus grandes números. Pero todo cambió, y al final los elogios fueron para un extraordinario pasador que va camino hacia el Salón de la Fama. Brees terminó el partido con un total de 288 yardas por aire, 32 pases completos de 39 intentos y dos pases de anotación. Dicen los expertos que lo único que le faltaba para ser considerado entre los elegidos era un anillo de Súper Tazón. Y ya lo tiene.

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