No fue Kobe Bryant sino Ron Artest. Como por un milagro, la pelota le cayó al ala-pivot defensivo de los Lakers para meter la canasta ganadora sobre la bocina, cuando se presagiaba una prórroga en el Staples Center de Los Angeles. Fue un golpe de suerte, el necesario para liquidar un partido correoso que los Phoenix Suns se resistieron a entregar hasta el final, empatando el choque a 101 con un triple a tabla de Jason Richardson con 3.5 segundos por jugarse y después de haber estado 17 abajo.

Los de Alvin Gentry, después de un partido sin brillo y tedioso a ratos, forzaron la última jugada pero no tuvieron la suerte de cara. Pusieron dos hombres sobre Kobe Bryant en el último triple, que se quedó corto, justo para ir a caer en las manos de un Artest que estuvo listo y rápido para enchufarla a tabla casi sin saltar (103-101).

A Nash se le quedó cara de circunstancias tras una actuación sobresaliente. Su magnífica muñeca ayudó a su equipo a creer en la victoria, aprovechándose de que ni Kobe —30 puntos— ni Gasol —21 y 9 rebotes— tuvieron un día especialmente brillante. Pero no pudo ser pese a sus 29 puntos y 11 asistencias y los campeones viajarán a Phoenix con el factor cancha a su favor (3-2).

Todo salió perfecto al principio para los de Alvin Gentry, que apostó por cerrar la zona a los hombres altos de los Lakers y expo-nerse a los tiros desde el perímetro de los locales. Sin Kobe Bryant en el banquillo, cargado con dos personales a los pocos se-gundos de comenzar la contienda, la cosa marchaba, aunque el ‘momentum’ de los dos partidos anteriores duró unos pocos minutos, en los que los Suns no supieron poner tierra de por medio.

Pronto volvió la superestrella a la cancha y el miedo escénico surtió su efecto. Puede que sean las gafas de sol de Jack Nicholson o la presencia amenazadora de Dustin Hoffman un par de filas de asientos más atrás, pero ya son ocho los partidos con victoria consecutiva para los de Phil Jackson en el Staples Center. Los Suns, como los Thunder antes y después los Utah Jazz, se arruga-ron durante gran parte del partido, acomplejados ante un campeón que salió con temor a verse ante el abismo en esta final de conferencia.

El caso es que el equipo dinámico y explosivo de los últimos días en Phoenix desapareció y fue a remolque casi todo el partido, en una crisis momentánea en el segundo cuarto por culpa del de siempre, Bryant y sus tres triples consecutivos que le dio a los suyos la máxima diferencia del partido, 16 puntos (43-27). También Derek Fischer ayudó a romper la zona del equipo de Arizona, que tan buenos resultados le había dado hasta ahora en la serie.

Los de Nash se recompusieron gracias a los puntos del canadiense y a una sólida defensa para seguir con vida al descanso (45-53). Pero no tuvieron un gran día, frustrados por la intensidad defensiva de los Lakers, metidos en el partido para sacarlo adelan-te pese a la falta de fluidez en su juego.

Y eso precisamente es lo que hizo el encuentro previsible y espeso salvo en la resolución, sin la explosión de los hombres de ban-quillo de los visitantes —esta vez se quedaron en unos discretos 31 puntos— ni la genialidad del dúo Bryant-Gasol, resolutivo sin más.

Solo el último tirón de los Suns en el último cuarto, con un aporte fundamental de Channing Frye, negado en los tres primeros partidos, y la maestría de Nash, empeñado en no retirarse sin jugar una final de la NBA, alegraron la cuestión, para disgusto del público local, que al final, sin embargo, pudo celebrar toda la euforia contenida que no alcanzó a liberar durante el encuentro.

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