Habrá clásico otra vez. Los Angeles Lakers y los Boston Celtics se jugarán el trono de la NBA por enésima ocasión. Quedaba un último escollo para que se repitiera la final soñada y los Phoenix Suns se quitaron de en medio, no sin dar una digna lucha en el último parcial para rematar una notable final de conferencia. Esta vez no encontraron el juego explosivo que los mantuvo con las espadas en todo lo alto en esta serie y sucumbieron ante el mejor equipo, un conjunto con Bryant en plan estelar, como casi siempre, y un excelente Artest (25 puntos) como principales artífices de su victoria en el US Airways Center por 111-103.

La pizarra de Phil Jackson volvió a funcionar y los Suns se ahogaron en ella. La defensa de los campeones inutilizó la ofensiva local, pese al último soplo de remontada al inicio del último cuarto, cuando el brillante Goran Dragic intentó el milagro. Dio la sensación de poder remontar 17 puntos en 12 minutos con un parcial de 10-0, toda una hazaña desafiando las estadísticas que solo la mano fría de Bryant consiguió evitar. Pero mereció la pena porque el espectáculo fue magno. 

Con el cambio de cancha volvió el baloncesto eléctrico, aunque los locales no fueron los beneficiados esta vez. Ni los triples entraron con la misma facilidad ni los secundarios fueron el factor decisivo del cuarto partido. De hecho, estuvieron más acertados los reservas angelinos. Hicieron buena la estadística de Phil Jackson, que hasta ahora solo ha perdido uno de los nueve ‘matchballs’ que tuvo para darle carpetazo a una serie en sus múltiples años como entrenador en la NBA.

Sin embargo, las sensaciones iniciales hacían presagiar todo lo contrario, un festival de contragolpes con Nash corriendo la cancha y repartiendo balones hacia los tiradores de su equipo. Pero los Lakers se impusieron en el intercambio de canastas desde el principio, con un primer cuarto de 37 puntos y un despegue notorio en el segundo.

El equipo se metió en el partido con mucha concentración, lejos de los altibajos a los que está acostumbrado el público del Staples Center de Los Angeles. Ahogaron a Amare Stoudamire, que no tuvo el día pese a un par de mates rotundos, y sacaron partido de todos sus actores incluyendo a un activo Andrew Bynum, poniendo puntos y lucha bajo los tableros.

También se apuntó a la labor colectiva otro de los desdibujados secundarios de anteriores batallas, Jordan Farmar, que con su triple desde el lateral a falta de 6 minutos por jugar de segundo parcial abrió un hueco que era el principio del fin para lo de Alvin Gentry (51-43).

Con doce a favor al inicio del tercer cuarto, los Lakers se limitaron a ralentizar el encuentro y de paso a extinguir el fuego naranja de una grada que venía con ganas de montarla. Bryant agarró la batuta y fue engordando su cuenta, camino de su encuentro número 75 anotando más de 30 puntos en unos playoffs.

Lo consiguió casi al final (37), cuando hacía falta y parecía que la pájara de los campeones podía ser mortal, con un Gasol muy apagado que acabó el partido con 9 puntos y 7 rebotes. Tendrá tiempo de redimirse en su tercera final de la NBA, todo un hito para el mejor jugador español de la historia.

 

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