Una multitud rinde homenaje a Bryant frente al Staples Center donde se hizo con sus cinco anillos de campeón de la NBA

No ha pasado ni una hora desde que comenzaran a saltar las alertas los teléfonos con la muerte de Kobe Bryant y sus incondicionales ya le han erigido un pequeño altar frente al Staples Center, la casa donde la leyenda angelina se hizo eterno conquistando cinco títulos de la NBA. Frente al generoso ramo de flores con los colores de los Lakers, una pequeña muchedumbre se congrega en silencio y con la mirada hacia el suelo. Muchos no se esfuerzan en contener las lágrimas. Cuesta mucho digerir el golpe.

La conmoción en Los Angeles es brutal. Tan palpable como la repetina proliferación por las calles de camisetas con el número 24 y su nombre a la espalda en peregrinación hacia las inmediaciones del estadio donde juegan los Lakers y los Clippers. Uno de ellos es Jerson Castillo, solo, con los ojos vidriosos y los brazos cruzados, sin quitarle ojo a la pantalla gigante donde ya domina la imagen fija de Bryant y la fecha de su recorrido vital: 1978-2020.

Castillo dice tener el corazón “roto, sin palabras. Era el verdadero latido de mi ciudad, Los Angeles”, comparte emocionado. “Era como un miembro de la familia, una persona a la que llevo siguiendo desde que empezó su carrera en 1984, alguien al que vi pasar de ser un adolescente a un hombre. Sencillamente necesitaba estar aquí para despedirle”.

Cristal Calderón tampoco puede con la tristeza del momento y estalla a llorar delante de las cámaras del canal NBC. “Esto no es real”, repite gritando y rota de dolor. “No me lo puedo creer. Es horrible”. Después, más serena, recuerda que llegó a concocer a la estrella de la NBA en la presentación de un libro en Barnes & Noble, una cadena de librerías. “Me pasé 14 horas haciendo cola para poder verle y me trato con mucho cariño. Era un hombre increíble. Le vamos a echar mucho de menos”.

Detrás de ella, otro angelino de nacimiento, Matthew Romero, que cree que lo de Bryant tardará mucho tiempo en digerirse por la conexión que tenía con las clase trabajadora de Los Angeles. “Esto está lleno de latinos y afroamericanos porque era un tipo de verdad, con una ética de trabajo encomiable que no buscaba ser una estrella sino uno más, y eso a la gente le encantaba”.

En pocos minutos la plaza se empieza a llenar y la presencia policial incrementa. Es domingo de Grammys y el centro de Los Angeles se va convirtiendo en una olla a presión. Entre los aficionados a los Lakers y los ciudadanos que se han acercado a despedir al mito se mezclan los invitados a los premios de la música. El contraste es cuando menos pintoresco. Camisetas de baloncesto amarillas mezcladas con taconazos de impresión y hombres vestidos de esmoquin. El único denominador común es la tristeza y la conmoción.

Entre el río de gente circulando entre el Nokia Theater y el Staples Center pasa el músico puertorriqueño David Sánchez, nominado al Grammy como mejor álbum latino de jazz. “Estoy muy contento de estar en los Grammy, es un honor, pero no te voy a mentir, esto supone una nube muy negra para estos premios”, afirma. “Esto afecta a todo porque nadie se lo esperaba, obviamente. Kobe me inspiró como artista, aunque en otra disciplina, por su consistencia, su pasión, autenticidad. Es un día triste”.

Minutos más tarde surge otra cara conocida, Danny Trejo, ajeno completamente a los Grammy y entregado a la causa de despedir a Bryant. “Kobe Bryant era Los Angeles y tenía que estar aquí”, dice mientras saluda a los curiosos que le van reconociendo entre la multitud. “Hice un anuncio con él y era un tipo realmente magnifico. Una estrella, un icono y alguien que siempre se acordaba de sus seguidores. Además, era el Laker más grande todos los tiempos. Muy duro que se haya ido”.

 

 

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