Cuando actuamos con responsabilidad social, sobre todo respetando y siendo tolerantes con los demás, todos nos beneficiamos

Uno de los mecanismos básicos en la formación psico-sociológica de los seres humanos es el instinto gregario, o sea, el que nos impele a vivir en colectividad.

Cuando somos niños, precisamos de la familia. A medida que crecemos y forjamos nuestros puntos de vista, nos vamos integrando a la comunidad y asumimos, en mayor o menor escala, sus patrones sociales, políticos, filosóficos y religiosos.

¡Los humanos somos moldeados como entes grupales! Nuestro andar está condicionado por una existencia social que impone códigos éticos y reglas de conducta.

La colectividad asigna compromisos, exige disciplina y respeto por los valores físicos e intangibles de los demás. A todos se nos reclama un grado de responsabilidad social. Muchas de estas obligaciones están amparadas por decretos y leyes institucionales, pero otras no.

La mayoría de nuestros deberes con la sociedad son modelos elementales de convivencia, simples normas de comportamiento que no constan en libros de leyes o en panfletos de ordenanzas, pero miden el grado de compromiso con que actuamos a favor o en contra de los intereses vitales de la comunidad.

Entre estos modelos resalta la necesidad de ser respetuosos y tolerantes con los demás, aunque piensen diferente; no discriminar a nadie por su raza, posición económica, edad o creencias; valorar y respetar el pasado y la cultura de la sociedad, ser corteses y educados, venerar la naturaleza, cuidar el medioambiente, luchar por los sueños sin esquilmar a otros y alcanzar el éxito no solo pensando en el bienestar propio, sino en el de todos.

Cuando actuamos con responsabilidad social beneficiamos a todos y, a la vez, nos favorecemos nosotros mismos. Cito un ejemplo negativo: quien conduce un auto en estado de embriaguez tiene grandes posibilidades de lastimar a otros, pero está propenso también a ser víctima de su propia indisciplina.

Las obligaciones sociales nos protegen a todos sin excepción. Su cumplimiento y respeto dicen mucho del nivel de instrucción, de la hospitalidad, la decencia y la cultura de un pueblo.

Desde el punto de vista individual, actuar en la vida con responsabilidad social nos hace más sensibles, atractivos y mejores seres humanos. EC

Información cortesía de www.ismaelcala.com

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