A simple vista parece una lucha de David contra Goliat, pero Chivas sabe lo que significa ganarle al América en estos momentos

El domingo se juega el súper clásico del fútbol mexicano entre unas Chivas flacas y desnutridas contra unas Águilas que andan volando bajo. Pero no importa cómo lleguen. Habrá lleno en la casa de los tapatíos para ver otro agarrón de estos eternos rivales.

La fiesta en el Omnilife será en las tribunas con cantos, banderas, chiva colas, chiva chelas, cornetas y mentadas entre uno y otro bando. En la cancha será diferente, un duelo de desesperados, de dientes apretados y con la urgente necesidad de enderezar el camino, de obtener un triunfo que les inyecte vitaminas y optimismo.

Chivas es una olla de presión a punto de explotar, pero esa misma presión los puede ayudar a salir del barranco; y qué mejor que hacerlo contra su más enconado rival. Además, el clásico puede ser el partido que defina el futuro del “Pelado” Almeyda. Del otro lado Nacho Ambriz no puede estar tan tranquilo. Una derrota contra el Guadalajara lo pondría en capilla.

A simple vista parece una lucha de David contra Goliat. Chivas se ve más debilucho, pero el hambre de triunfo y de goles lo puede hacer más peligroso. En este momento es como una fiera acorralada por tanto castigo que en cualquier momento da la tarascada al próximo que le quiera poner la mano encima. América llega más inflado por su reciente triunfo en la Concachampions y por su potente motor hecho en el extranjero, aunque muchas veces parece un caballo desbocado sin alguien que le jale las riendas.

Pero cuando se trata del clásico nacional las diferencias se achican. Todos muerden, luchan y se multiplican en la cancha. No importa si uno le lleva cincuenta puntos al otro o si son 11 extranjeros contra 11 mexicanos. Nadie quiere perder. El aliento y los gritos desde el graderío infunden ánimo, y con solo ver el color de la camiseta del rival vuelven las fuerzas y las ganas de seguir corriendo y de seguir peleando. Sí, a pesar de las diferencias no será un clásico tan disparejo. EC

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