Estados Unidos y México disputan su partido más importante del año en el que pelearán por un boleto a la próxima Copa Confederaciones

Otra vez se ven las caras. No se gustan, se odian y tienen cuentas pendientes. Saldrán chispas del agarrón del 10 de octubre entre Estados Unidos y México en el Rose Bowl de Pasadena, el último reducto donde los de casa salieron con la cabeza gacha en la final de la Copa Oro 2011 con aquel gol de antología de Giovani dos Santos.

Pero fuera de aquel triunfo, al Tri mexicano le ha ido como en feria. Nomás no la ve llegar contra los ‘amerricanos’. Los de Klinsman tienen de clientes a los aztecas y con un sello patentado que dice 2-0, su grito de guerra favorito. Ahora está en juego un boleto a la próxima Copa Confederaciones, un plus añadido a la gran rivalidad entre estos dos que se disputan el título de “gigante de la Concacaf”.

“Los partidos contra México son diferentes”, declaró el mediocampista del cuadro local Michael Bradley. Este es el que lleva el estandarte en esta guerra futbolera luego del retiro de Landon Donovan. Es el motor que regula los tiempos del equipo. Si lo anulan, el sistema de recuperación y ataque del cuadro estadounidense se queda acéfalo. Allí puede estar la clave para el objetivo de los dos bandos.

Por otra parte, el combinado local no encuentra el rumbo. Klinsmann parece estar bajo una presión inquietante luego de tantos cambios y experimentos que ha hecho últimamente. Lo bueno es que mantiene a sus mejores elementos listos para entrar en acción, como al meta Howard, al defensa Omar González, al propio Bradley y a los atacantes Jozy Altidore y Clint Dempsey.

Del otro lado hay confianza a pesar de que llegan con un técnico interino. Lo malo en estos partidos contra su vecino es que a veces los nervios y la presión terminan por hacer presa de los jugadores mexicanos. Si no pueden contrarrestar la desventaja que tienen en fuerza, velocidad y estatura, volverán a sufrir de más. Agréguele a esto que dos de sus mejores jugadores están en duda. Rafa Márquez y Andrés Guardado son difíciles de sustituir. Además, el “Chicharito” anda sin puntería.

No queda más que esperar este choque de trenes, este partido del morbo entre dos que tratarán de ganar a toda costa, sin contemplaciones y sin piedad.

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