El portugués está en la cima de su carrera y no piensa bajar los brazos en su lucha por ser el mejor del mundo

Cristiano Ronaldo es el mejor futbolista del mundo… para muchos. Sus dos peores enemigos se llaman Messi y Cristiano Ronaldo. El lo sabe, por eso se reta, se compromete, trabaja tan duro como una máquina para no perder distancias.

Está de fiesta. Son 30 años luchando por ser el mejor. No entiende otra filosofía más que el trabajo. No nació con el genio de otras grandes figuras. El se fue forjando con el martillo y el cincel, con el gimnasio, con las horas extras, con la práctica incansable.

Para ser grande hay que trabajar. Ese es su lema. Los que lo conocen de cerca dicen que su dedicación es admirable. Desde que era un juvenil se fijó como meta ser el número uno. Ya de merengue lo ha ganado todo. Pero no se confía, no baja los brazos. Sus dos enemigos lo mantienen alerta. Lo acechan. Lo retan. Lo motivan.

Es el actual pichichi. Una máquina goleadora que acaba de ganar el Balón de Oro. El reconocimiento al mejor del mundo. Sus poses, sus festejos, sus reclamos, su inmaculada figura, pasan a un segundo término cuando se les compara con su productividad, con su presencia en la delantera del equipo blanco o con su selección, con sus racimos de goles.

Con 30 años sabe que le queda tiempo para seguir jugando, para seguir rompiendo marcas y redes. Pero no se relaja, si lo hace, llegará el principio del fin. Atraviesa un momento delicado emocionalmente. Su novia rusa dejó de serlo, pero no se ha reflejado un bajón en la cancha. Su romance con el balón sigue intacto. Su ambición permanece inalterable.

La madurez lo ha pillado. Se ha hecho un jugador más completo. Ha dejado algo de su brutal individualismo para asociarse más con sus compañeros. Sus asistencias así lo demuestran. Confiado en terminar su carrera de blanco y rodeado de jugadores de élite. Cristiano es el mayor activo de los merengues. Si alguien lo quiere, vale 400 millones de euros.

Sí es una máquina de jugar fútbol, pero todo lo que tiene se lo ha ganado a pulso. Eso también lo hace grande. EC 

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