¿Podrá Chávez Jr. imponer su peso y estatura sobre “El Canelo”? Depende del aguante de cada uno

Todo está listo para celebrar el Cinco de Mayo con música y boxeo en Las Vegas, el lugar que cada año vibra con esta gran fiesta mexicana. Miles de personas disfrutarán de todos los conciertos que se llevarán a cabo este fin de semana, pero muchos otros van especialmente para ver la batalla entre Saúl “Canelo” Álvarez y Julio César Chávez Carrasco, el sábado 6 en el T-Mobile Arena.

Todo parece envuelto en celofán, en diamantina. Todo mundo habla de la pelea, pero realmente se pactó solo para fines comerciales. ¿Por qué? Sencillamente porque no son del mismo peso, pero como la gente lo pedía, los promotores vieron una generosa entrada de ingresos que no podían desperdiciar. Habrá para todos.

La batalla está pactada en un peso de 164.5 libras. Ninguno de los púgiles da este peso de forma natural. No hay título de por medio. Se creó un cinturón exclusivamente para este combate. Como digo, una pelea preparada artificialmente. Claro, arriba del ring no creo que haya engaño alguno. Los dos se traen ganas y volarán los trancazos al por mayor. Pero “El Canelo” sale con un hándicap: el peso. Eso salta a la vista y a la hora de pisar el tapiz, lo hará con una desventaja de cuando menos 10 libras por debajo de su rival.

Lo que tiene el tapatío es precisión y constancia. Le conviene que el combate se haga largo. Chávez, por su parte, intentará definir en la primera mitad de la pelea. Lo que puede perjudicar a ambos es el cansancio. Conforme pasen los rounds el hijo de la leyenda perdería combustible y poderío, pero “El Canelo” también podría resentir el tener que aguantar y empujar el más pesado cuerpo de su contrincante. Veremos quién llega mejor preparado físicamente para esta batalla tan esperada.

El que resulte ganador ya tiene a alguien esperándolo. El kazajo Gennady Golovkin, campeón indiscutible de peso mediano, dijo que le gustaría enfrentar al vencedor nada menos que el 16 de septiembre. Para Chávez o “El Canelo” sería, entonces sí, la pelea de su consagración. EC 

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