Todo cambia, las condiciones atmosféricas se alteran, la flora y la fauna que sirvieron de cobijo y sustento a infinidad de animales y, consecuentemente, no les queda otro remedio que mudarse de ambiente para no perecer, con lo cual de paso se van trasmutando. Los hombres hemos demostrado poder viajar más que cualquier otro ser viviente. Aunque eso no significa que sepamos hacerlo mejor. La lucha entre las plantas y los animales generalmente termina en tablas. Nosotros los humanos, tan listos como nos gusta decir que somos, vamos arrasando con todo, dejando atrás una estela de depredación terrible. Sin comprender que estamos cavando nuestra propia tumba.
 
Las personas por ese gusanillo interior que las lleva a moverse constantemente porque no encuentran sosiego en parte alguna, cambian de lugar cada vez más. Los medios de comunicación se han perfeccionado. Las necesidades de movilización son cada vez mayores. Las tentaciones provocadas por la publicidad y las gangas turísticas se convierten en reclamos que resultan difíciles de rechazar. Los pobres casi no viajan, o viajan poco, y cuando el nuevo ambiente no les sienta, lo sienten, pero generalmente no se quejan. Permanecen callados y casi nadie se entera. Los ricos en cambio, movilizan enseguida a los anfitriones, ponen a correr a los hoteleros y convocan a los médicos y enfermeras.
 
¿Existe algo más agradable que saber desplazarse por ahí, lugares cercanos lo mismo que lejanos, reduciendo al mínimo el peligro de contraer una enfermedad que, si leve, nos daña las vacaciones, y si grave, sea capaz de llevarnos a la tumba? Y todo está en conducirnos con un poco de sentido común. Naturalmente, las posibles infecciones son de todo tipo, pero frente al mayor número de enfermedades graves, todas ellas transmisibles, existen las vacunas. Para moverse por Norteamérica y el norte de Europa, no son en absoluto necesarias. Pero sin nos dirigimos a Centro y Sudamérica o a regiones inhóspitas en las que determinados males están presentes en forma endémica…, ninguna preocupación mejor que las vacunas, para estar prevenido y poder disfrutar de las vacaciones.

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