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Un poco de historia
High Desert es una de esas zonas de California con una historia particular y reciente, ubicada al norte del bosque de Los Angeles, en el corazón de una zona desértica pero con mucho encanto. De hecho, Hollywood se ha fijado en ellos, rodando notorias películas como “Bagdad Café”, “Mac and Me” o la más famosa de todas, “Erin Brokovich”, protagonizada por Julia Roberts, que pasaba por allí todos los días en dirección a Hinkley.

Su paisaje es desértico y agreste, con temperaturas récord en verano. Tienen poca vegetación, pero pueden presumir de tener plantas exóticas como el Joshua Tree, el Scrub Oak, el Creosote o el California Poppy. Además, es tierra de expansión para los hispanos, la raza de mayor crecimiento en el área, con una población estimada de 300,000 entre Antelope Valley y Victor Valley.

De hecho, en un conteo de habitantes realizado en el 2005, se determinó que en determinadas zonas ya hay tantos hispanos como no hispanos. Ciudades como Palmdale, Apple Valley, Adelanto, Lancaster, Victorville o Hesperia se han convertido en gancho para miles de latinos que han decidido dejar el condado de Los Angeles atraídos por la oferta: menor precio y más espacio en las casas y las comodidades de tiendas y centros comerciales que han ido floreciendo en el área con el paso del tiempo.

Un paseo por Antelope Valley
Es quizá una de las zonas más nuevas de California, habitada por una gran cantidad de latinos dispuestos a vivir un poco más lejos a cambio de una mayor calidad de vida. Tiene dos poblaciones fundamentales, Palmdale y Lancaster, con otras localidades como Santa Clarita y Valencia en pleno resurgimiento después de un año difícil por la recesión y la crisis de las hipotecas.

Palmdale es su ciudad más importante con una población de 151,346 personas, una urbe enclavada en una parte del famoso desierto del Mojave y separada por las montañas de San Gabriel del resto de Los Angeles. Durante los últimos 25 años esta ciudad ha estado ubicada entre las 25 urbes de mayor crecimiento en Estados Unidos, convirtiéndose en la sexta ciudad más grande de California y la primera del desierto.

En poco tiempo se ha ganado la fama de ser una localidad con alta calidad de vida. Con un centro médico de primera categoría, que incorpora las últimas tecnologías, cuenta además con un eficiente sistema de transporte, con conexiones a toda la ciudad y sus alrededores a través de autobuses y trenes. Y no podía faltar el parque acuático en una zona donde el líquido elemento es fundamental por su escasez. Tiene además un par de piscinas públicas y un anfiteatro al aire libre con capacidad para 10,000 personas.

La ciudad también tiene su historia, fundada por colonos europeos establecidos en 1886, la mayoría luteranos de origen alemán y suizo, viajando con la teoría de que cuando viesen palmeras estarían cerca del mar. Se encontraron con los Joshua Tree y pensaron que eran las palmeras que andaban buscando, por lo que se quedaron por esas tierras de forma definitiva.

Un poco más al norte por la misma carretera —la ruta 14— está Lancaster, otra ciudad con unas características muy similares a Palmdale, con un crecimiento explosivo de población, pasando de los 37,000 habitantes en 1977 hasta los 145,000 actuales. Es la novena ciudad en crecimiento en todo Estados Unidos, otro punto de conexión importante para familias en búsqueda de trabajo, un buen lugar para vivir y precios razonables para acceder a su primera vivienda.

De hecho, el ingreso medio por familia —muchas de ellas son latinas— es superior al nacional con 61,298 dólares, con una media de precios de vivienda inferior al baremo californiano, unos 302,000 dólares. Por supuesto, tiene de todo, desde tiendas hasta gran cantidad de parques para refugiarse del calor del desierto.

Son localidades con sabor y en pleno auge, que han sabido sobreponerse a la recesión económica y que están cambiando con los tiempos. En un viaje hacia esa zona por la ruta 14, por donde pasan muchos de los viajeros rumbo a Las Vegas, se pueden ver los molinos de vientos en el horizonte o descubrir las placas solares, aprovechando al máximo los recursos naturales de la zona. La energía eólica y la solar cotizan cada vez más como opciones de futuro, algo que está abriendo oportunidades para nuevos trabajos en el valle.

Hay trabajo y aperturismo para los que se quieran ir a vivir a una zona exótica y peculiar, un despliegue de encanto desértico.

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