El tema de la muerte y de un futuro funeral no es del agrado de todo el mundo. Muchas personas ni siquiera desean oír mencionar la palabra ‘muerte’, pero en el mundo actual es casi obligado incluir en los planes futuros el funeral, que según sea el caso incluye la adquisición del espacio en el cementerio con la lápida y el ataúd; el traslado del cuerpo al país de origen con los arreglos funerarios correspondientes, o la compra del servicio para cremar al difunto.

No importa cuál sea la situación el tema funerario no debe dejarse de lado porque un acaecimiento de este tipo puede ocurrir en el próximo minuto. Nadie está exento a vivir ese momento.

Si no hay una planificación previa y la persona fallece, los familiares y amigos en duelo confrontan decenas de decisiones respecto al funeral tratando de cumplir con los deseos -en ocasiones ambiguos- del fallecido.  ¿Deseaba retornar a su país de origen? ¿Deseaba ser cremado? ¿Deseaba donar sus órganos? ¿Deseaba un funeral con música? No permita que su familia en medio del dolor deba tomar decisiones con las que probablemente el difunto no estaría de acuerdo.
 

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