Medidas tendientes a evitar nuevas catástrofes ecológicas tropiezan a menudo con números difíciles de franquear. Sin embargo, aunque el problema es de voluntad política, no  excluye que desde los diversos ámbitos de la sociedad se vaya formando una clara conciencia sobre este tema y tomando, en consecuencia, disposiciones adecuadas.

En Inglaterra, algunas industrias ya han comenzado a plantear su trabajo a fin de aumentar la producción y garantizar la protección del medio ambiente. El mejor ejemplo de este propósito lo encontramos en la población británica de Sheffield, donde algunas empresas construyeron una “fábrica verde, a la que incorporaron un equipo especial que supervisa los desechos industriales para comprobar la inocuidad de las sustancias que llegan hasta los alcantarillados de la ciudad. Han introducido también, un sistema de lavado de herramientas que evita el uso de disolventes, basado en métodos ultrasónicos. Esta técnica está apoyada, además, en el empleo de detergentes libres de fosfatos.

Desde otros ángulos, familia, escuelas, universidades, centros cívicos y de recreación, etc., debería potenciarse una educación inspirada en un sano realismo existencial que promueve la humildad verdadera, que reconoce nuestro límite como humanos y también, como no, el del suelo que nos alberga. Esta actitud realista existencial puede llevar al ser humano al encuentro de sí mismo, de sus congéneres, del mundo y del trascendente desde una actitud renovada. Reconociendo esta finitud, aceptándola y amándola, podremos unir esfuerzos para recrearnos en la apasionante aventura de ajardinar el mundo.

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