Rodney Mojarro es el presidente de la institución, ubicada en un barrio de La Puente, donde ver caballos por la calles es algo habitual. Mojarro, un latino de tercera generación, descendiente de inmigrantes de Chihuahua, compró la propiedad hace un año con el objetivo de extender las labores de su profesión, trabajador social.

“De momento tenemos 12 pacientes y creo que el beneficio es notorio”, explica Mojarro, oculto bajo unas prominentes gafas de sol y sus botas de vaquero, listo para montar. “De hecho hace rato que no monto a Jake”, dice sobre su caballo de ojos azules, recluido en el establo de la parte trasera. Se justifica por la cantidad de trabajo que tiene, pendiente de recibir más fondos de instituciones y donantes privados para poder ayudar a más gente de la comunidad.

De momento está conectado con programas de ayuda a jóvenes con problemas, a la espera de que se corra la voz entre toda la comunidad latina sobre lo que hacen en Rancho Palomino. Lleva un mes trabajando con el distrito escolar de la ciudad de Montebello para coordinar programas extraescolares, “algo de lo que hay un gran vacío en la comunidad”, explica Mojarro.

Además, en breve harán un día comunitario donde impartirán clases gratuitas a miembros de la comunidad.

De los chicos dice que “hay de todo en estos casos, jóvenes con problemas de drogas y pandillas hasta los que tienen problemas de estudios”. Cuenta la historia del primer joven que pasó por el rancho el pasado verano, un muchacho de 14 años que pasaba muchas horas al cuidado de los caballos además de montar para alejarse de la calle.

“Digamos que se ganó su sueldo trabajando con nosotros, atendiendo la finca, que requiere mucho trabajo. Pero nuestro objetivo es que haya muchos más, gente que no saben qué hacer después de la escuela o que tiene problemas para adaptarse a la sociedad. Si desarrollan una relación con los caballos eso les puede ayudar mucho”, explica Mojarro.

También atienden a personas mayores con problemas de discapacidad, con ejercicios como fomentar el equilibrio a lomos de un caballo, aunque siempre bajo la atenta mirada de tres empleados que acompañan al paciente durante la travesía.

Además de la terapia, el rancho también ofrece cursos de equitación tradicional para todos los niveles. Y si se quiere organizar una fiesta de quinceañera o de cualquier otra cosa, también se prestan a hacerlo.

Fundador y CEO de una empresa llamada Palos, Mojarro lleva años asistiendo a adultos con discapacidades a adaptarse a la vida, desde cocinar hasta montarse en un autobús. “Lo del rancho es un complemento a mi negocio original”.

Con tres caballos —uno de ellos era de su hermana— pretende cambiar la vidad de la comunidad y de paso hacer feliz a unas cuantas familias. Cuestión de tiempo.

Para más información puede consultar la página web www.palominoriding.com o llamar al número 626.336.7999

 

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