No viajan en camiones rojos ni hacen sonar las sirenas, pero los bomberos privados salvaron cientos de propiedades, entre ellas la mansión de Kim Kardashian

“Estábamos literalmente rodeados por las llamas. Toda la vegetación alrededor de la piscina ya se había quemado, y de alguna forma consiguieron detener el fuego antes de que llegara a la casa”. Fred Giuffrida, un ejecutivo de banca de inversión, y su mujer, Pamela Joyner, fundadora de una empresa de marketing, atribuyen el milagro en el norte de California a un grupo de héroes hasta ahora lejos del ojo público, los bomberos privados. No solo han salvado la suya. En los incendios que han sacudido California esta semana, los más letales y destructivos de la historia del Estado con 63 víctimas mortales y 600 desaparecidos, más de 1.000 edificios lo han podido contar gracias a sus esfuerzos.

Joyner y Giuffrida vieron las llamas por la ventana, a suficiente distancia como para no temer lo peor. Pero 20 minutos más tarde, el viento hizo que tuvieran el incendio encima. Les alcanzó para salir corriendo con lo básico. Unos días más tarde recibieron la llamada de su seguro, explicando que la póliza incluía un servicio de bomberos privados, que acudieron a su residencia y tomaron las precauciones necesarias para que el fuego no destruyera la estructura principal. “Su acción realmente salvó nuestra casa”.

Para una inmensa mayoría, dentro y fuera de las fronteras de Estados Unidos, los bomberos privados siguen siendo los grandes desconocidos en esta clase de tragedias. Eso incluso después de que una celebridad como Kim Kardashian, casada con el rapero Kanye West, los pusiera en el mapa la semana pasada al tirar de sus servicios para salvar su mansión de Hidden Hills, un barrio pudiente al oeste de Los Angeles.

La casa en cuestión está valorada en 60 millones de dólares y pudo haberse consumido como otras de millonarios afectados por el Woosley Fire, un incendio que de momento ha dejado dos muertos y más de 40.000 hectáreas arrasadas en la zona. De hecho, Miley Cyrus, Neil Young o Gerard Butler no tuvieron tanta suerte. Sus casas ya no existen. Liam Hemsworth, el actor australiano y pareja de Cyrus, compartió una foto en redes sociales de lo que había quedado de su residencia de lujo: cenizas y las vigas que aguantaron el envite.

A Kardashian, con una fortuna personal de 400 millones de dólares, el viento le sopló a favor, aparentemente. “He oído que las llamas han golpeado nuestra casa en Hidden Hills, pero que ahora están más contenidas y han parado de momento”, escribió en Twitter. “No parece que la situación esté empeorando. Solo rezo para que los vientos estén de nuestro lado. Estoy rezando para que todo el mundo esté a salvo”.

Mientras repartía plegarias, un equipo de bomberos privados llegó hasta su mansión de 1.500 metros cuadrados. El portal TMZ contó que la pareja había tirado de talonario para solucionar la crisis en torno a una vivienda que adquirieron por 17,8 millones de dólares en 2017.

David Torgerson, presidente de Wildfire Defense Systems, una de las empresas dominantes en la industria de los bomberos privados, explica, no obstante, que el proceso no es tan simple como la gente puede pensar. Casi todo pasa por una compañía de seguros, que con los años han ido incorporando las cláusulas para clientes de alto poder adquisitivo, o por contratos con el gobierno federal en materia de apoyo. “Empresas que operen de forma independiente, que un cliente puede llamar para contratar a un grupo de bomberos, sin más trámites, apenas existen”.

Entre otras, dice Torgerson, porque los bomberos privados están obligados a seguir las mismas regulaciones que sus colegas en el sector público, con la misma clase de entrenamiento y certificación que cualquier otro bombero de uniforme. Asimismo, por ley deben coordinar con cada departamento de bomberos local o estatal antes de presentar a apagar un incendio. “No pueden entrar en acción así, sin más”.

Los salarios de los bomberos privados también rayan en la normalidad, muy similares a los 47.000 dólares de media que gana un bombero en California. La diferencia, principalmente, radica en pequeños detalles. No circulan en camiones rojos ni hacen sonar la sirena. La gente no los identifica con incendios a las primeras de cambio. Y gran parte de su trabajo consiste en prevención, en retirar mobiliario del perímetro que pueda suponer un riesgo o cavar zanjas alrededor de la vivienda. EC

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