¿Se ha preguntado usted alguna vez si le da a su hijo lo que realmente él necesita? No nos referimos naturalmente a los bienes materiales. Para el niño, durante las largas etapas de su formación, es mucho más importante que su padre esté junto a él, para resolver sus inquietudes, para compartir sus juegos, para desahogar sus penas, que si lo llena de los juguetes más caros y sofisticados.

El principal problema de la familia moderna es la falta de comunicación entre padres e hijos. Pero es tan fácil, tan simple, establecer amistad con sus hijos. Es cuestión de que el padre se lo proponga. Empiece por contarle al niño algunas de sus experiencias del día; hágalo penetrar en ese mundo que para él parece tan alto, tan lejano y complicado. Debe hacerlo en un lenguaje claro y que al mismo tiempo sirva para que el pequeño amplíe su vocabulario. No cometa el error de hablar sólo usted, todos los niños tienen una imaginación increíble, sus días de colegio, sus experiencias de fuego están plagados de novedades que necesitan ser comunicadas a alguien.

¿Quién más importante que SU padre para escucharle contar sus triunfos y los “actos heroicos” realizados en la jornada escolar? No permita que sus propios problemas le impidan dedicarle a su hijo un tiempo para que él comparta sus experiencias. Si no fomenta en sus hijos la buena costumbre de dialogar en familia desde que son pequeños, no se sorprenda si cuando son adolescentes, existe una barrera impenetrable entre ellos y usted.

No necesitará haber obtenido un diploma en “La Escuela para Padres”. Si así lo hubiera hecho, no podría darles respuestas para todos sus problemas. Si es que sabe compartir día a día con sus hijos, sus inquietudes y sus problemas, está logrando un marco de comprensión y amor que ayudarán a sus hijos a alcanzar la madurez.

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