Jorge Drexler tiene esa extraña capacidad de conmover con sus canciones. De alguna forma, posee tanto el talento del poeta de estirpe como la humildad del cantante de esquina, que por unas cuantas monedas alegra la vida del transeúnte y le hace pensar en lo realmente importante en su vida anónima y trivial.

Y un transeúnte se considera él mismo, un pasajero de este mundo, que afortunadamente comparte con nosotros sus preocupaciones mortales. El médico otorrinolaringólogo que ganase el Oscar por su canción “Al Otro Lado del Río”, tema de la película ‘Diarios de Motocicleta”, se despoja de los beneficios de un estudio y enfrenta su nuevo disco sin estribos, seguro de la compañía de una banda que lo apoya en devaneos sin ningún prejuicio musical.

12 joyitas
Con la confianza de contar con Matías Cella en la producción, se rodea con una banda de jazz para grabar esta nueva docena de temas: “Tres mil millones de latidos”, “La trama y el desenlace”, “Las transeúntes”, “La nieve en la bola de nieve”, “Mundo abisal”, “Toque de queda – con Leonor Watling”, “Una canción me trajo hasta aquí” (sencillo promocional), “Aquiles por su talón es Aquiles”, “I don’t worry about a thing” (cover, a dúo con Ben Sidran), “Noctiluca”, “Todos a sus puestos” y “Telón”. Es un disco orgánico, grabado prácticamente en vivo, registrando todos los instrumentos al mismo tiempo.

El sencillo, titulado “Una canción me trajo hasta aquí”, es una de esos temas que los inmigrantes y los ciudadanos del mundo van a abrazar como propio. Es una canción alegre sobre la nostalgia, donde Drexler se mira en el espejo de quienes se echaron a andar y asume su papel de pasajero del mundo.

En “Tres mil millones de latidos”, el artista habla de las preocupaciones trascendentales, la brevedad de la existencia y asume su conciencia global:”soy un pasajero, no quiero llevarme nada, ni usar al mundo de cenicero”. Es tal vez la pieza que más describe el concepto del disco. Aunque siguen los sonidos etéreos colados en el fondo de lo orgánico que logra con los músicos en vivo, aquí no hay timidez con el uso de los metales y la fuerte influencia del jazz. El candombe aparece en la intrincada trama, pero aclimatado en ese vivero donde le han dado alojamiento al cantautor, entretenido con perplejidad y asombro ante la vida que le ha tocado vivir, pasea por los vecindarios del Big Band y hasta se deja seducir por el mambo…

En “La trama y el desenlace”, hace uso de su particular forma de frasear el rap, con bases rítmicas que pudieran continuar el trabajo de “Ecos”, esas pausas, el fraseo, el susurro, su llamado a la experiencia de disfrutar la trama y no el desenlace. Allí se confiesa, un paso cambiado, tal vez sus vicisitudes amorosas, el guiño al ojo de la amada con pasos y guitarras sincronizadas.

“Las transeúntes” es otro tema para detenerse. Con la guitarra española de Josemi Carmona, se dan una vuelta por el Río de la Plata. En estructura, la canción tiene de  trova y música uruguaya, es lúdica, sensual y desenfadada, recordándonos por qué Joaquín Sabina se llevó a Drexler de botín a España.

En “Toque de queda” comparte el micrófono con la actriz y cantante Leonor Watling. A dúo con la profunda voz de su pareja sentimental, Drexler hermana a las fuentes musicales del Río de la Plata con la tradición del cuplé y las grandes damas de la canción española.  Hay mucho más y todo quedó registrado en el documental “La Trama Circular”, dirigido por el argentino Ariel Hassan, que acompaña al disco en DVD. Aún no sabemos si Drexler pautará visitas por estos lados del globo. Mientras tanto, sólo nos queda escuchar el disco para “Armar la trama”.

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