“The Hobbit 2” retoma la acción donde la dejó la primera, una buena opción de cara a las vacaciones navideñas

 

Luca Verne. Los Angeles | 6 de Diciembre 2013

En ese mundo fantástico de hobbits, enanos y mitología que creó J.R.R. Tolkien hace muchos años, nadie se mueve mejor que Peter Jackson, el hombre que ha vuelto por sus fueros con la segunda parte de “The Hobbit” y el segundo paso hacia otra trilogía de altos vuelos.

Con la primera le fue tan bien, que acabó elevado a los altares de los Oscar, especialmente con “El señor de los anillos: el retorno del rey”, la última entrega de la trilogía que se hizo con el Oscar a mejor película en 2004, además las otras diez estatuillas a la que estaba nominada la cinta.

“The Hobbit” también funcionó muy bien en términos de público, presentándose ante el espectador con un formato revolucionario de 48 fotogramas por segundo que de momento no ha agarrado el vuelo que el propio Jackson esperaba ver en otras cintas de estudio.

Jackson, sin embargo, ha optado por insistir con su técnica que arroja una mayor calidad de imagen. También es continuista con la línea argumental, ya que “The Desolation of Smaug” es una continuación de los hechos de la primera cinta.

La acción comienza cuando Bilbo Bolsón, interpretado por Martin Freeman, logra escapar del temible Azog y cruza las Montañas Nubladas en dirección hacia Erebor, con el objetivo de derrotar al dragón Smaug y recuperar así su hogar y el gran tesoro que allí les aguarda. En ese viaje es cuando Bilbo se da cuenta de la enorme utilidad del anillo.

Es un sabor conocido para los seguidores de la franquicia y los amantes de las novelas de Tolkien, vendidas por millones en todo el mundo desde hace décadas y unos libros que no dejan de tener salida.

Como con la primera parte, la cinta se rodó enteramente en Nueva Zelanda, un proyecto del que estuvo detrás el mexicano Guillermo del Toro, pero que finalmente no pudo llegar a tiempo por problemas de presupuesto de los estudios MGM. Aún así, Jackson reconoce que hay mucho de Del Toro en la cinta, esa esencia que nunca se pierde cuando el mexicano trabaja en un proyecto. Otro aliciente para ir a verla.

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