No puede ocultarlo. Tiene el ego más grande de Hollywood en estos momentos, en gran parte porque cobra más que nadie, porque cada película en la que participa genera millones de dólares para los estudios y porque ha conseguido dejar atrás una crisis con las drogas que para muchos era el final de sus días como actor.
 
Es innegable que Robert Downey Jr. está en la cresta de la ola, aupado hasta allí por el éxito de la saga “Iron Man”, de la que ya está rodando la tercera entrega. Además, ha pasado sus últimos días en Londres con otra secuela, la de las aventuras de Sherlock Holmes después de la buena acogida de público de la primera parte.

Dice entre bromas y rodeado por sus compañeros en un lujoso hotel de Beverly Hills, que lo último que necesita es una tercera saga en el caso de que su último trabajo, “Due Date”, consiga también dar en el clavo y arrasar en taquilla. “Mi vida ya es bastante complicada como está”, asegura con gesto excéntrico, ayudado por unos pelos un tanto alborotados y unas visibles ojeras.

Pero es una posibilidad, especialmente después del éxito rotundo de taquilla de “The Hangover”, una cinta que guarda ciertos paralelismos con esta que se estrena el próximo viernes. Para empezar cuenta con el mismo director, Todd Philipps y con uno de sus actores estelares, el extraño Zach Galifianiakis, que le acompaña en una aventura de carretera con un buen puñado de locuras imprevistas.

“Es una locura de viaje y con un principio básico al mismo tiempo, pero creo que soy muy afortunado de haber podido hacer la película con Zach, de quien no sabía mucho en ese tiempo”, confiesa Downey Jr, nacido en Nueva York hace 45 años. Cuenta que se encontró con Galifianakis en el Festival de Venecia y que se le acercó para decirle que iban a hacer una película juntos. “Estuve a punto de pegarle un puñetazo y después me di cuenta de que era Zach”, dice entre risas.

“Desde entonces hemos recorrido un largo camino”, apunta ya más serio. “Ha sido estupendo trabajar con alguien tan dedicado e inteligente. Es poco común encontrar alguien con tantas cualidades técnicas”.

Alguien además, que como él, no tuvo reparos a la hora de improvisar unas cuantas líneas para hacer la historia más divertida todavía dentro del disparate que desde un principio propuso Philipps.

La historia es una ‘road movie’ con todos los sobresaltos posibles por el camino, la historia de un arquitecto y un proyecto de actor que se ven forzados a recorrer el país —desde Atlanta hasta Los Angeles— en un coche alquilado, sin apenas dinero, y con poco tiempo para llegar ante el inminente nacimiento del hijo de Peter (interpretado por Downey Jr.)

“Lo cierto es que es una historia muy inteligente, pero queríamos forzar los límites y darle a la cinta un trasfondo emocional”, explica el protagonista de “Chances Are”.

“Trataba de empezar cada día preguntándome qué podía pasar si me ceñía al guión o si lo modificaba un poco para invitar a lo imprevisto en la historia. Y lo bueno es que todos estaban dispuestos a adaptarse a esa situación”. El resultado es una carambola tras otra entre dos tipos opuestos pero llamados a entenderse.

Dirija sus comentarios a [email protected].

Anuncios de interés en Los Ángeles
Compartir

Más artículos de interes