Bajo la dirección de Iciar Bollain, con guión del escocés Paul Laverty, “También la lluvia” habla, en palabras de la directora “de resistencia y de amistad. Es un viaje personal. El relato de una aventura que los protagonistas emprenden sin sospechar el final y que nos trae el pasado al presente”.

Sebastián (Gael García Bernal), idealista y sensible, está empeñado en hacer una película sobre uno de los grandes iconos mundiales, Cristóbal Colón. Pero no quiere dar la visión habitual del navegante genial en la misión divina de ganar “almas para Dios”, sino que quiere hablar de lo que Colón también puso en marcha: la obsesión por el oro, la caza de esclavos con perros mastines y la violencia con la que castigaron a la resistencia indígena.

A Costa (Luis Tosar), amigo y productor de la película, no le importa gran cosa el contenido de la misma: si no le preocupa lo que pasó ayer, mucho menos lo que pasó hace 500 años. Lo que si es imprescindible para él es que la película se termine en el tiempo y en el presupuesto establecidos, y para ello tiene un plan absurdo, pero también el único posible para llevar adelante un rodaje complejo con poco dinero: en contra de Sebastián, rodarán en Bolivia, el país de América Latina más barato y con mayor población indígena.

El rodaje va avanzando en los alrededores de Cochabamba al tiempo que va saliendo a la superficie el descontento de sus habitantes ante el proyecto de privatización del sistema de aguas a una multinacional americana.

A los problemas habituales de cualquier rodaje, entre los que se encuentran un brillante y alcoholizado Antón, en el papel de Colon, Costa y Sebastián tienen que añadir uno inesperado que puede echarlo todo a perder: Daniel, el joven que interpreta al líder de la resistencia indígena en la película, es también uno de los líderes de la protesta civil en Cochabamba.

Costa intentará por todos los medios apartar a Daniel de la revuelta. Mientras,  la película y el conflicto, cada vez más violento, van creciendo en paralelo hasta que  la ciudad explota en la tristemente famosa Guerra del Agua (ocurrida en la realidad en abril del año 2000).

Por más que quieran, productor y director no podrán quedarse al margen, la violencia del conflicto les salpica, les pone a prueba y les enfrenta: los dos amigos tendrán que elegir entre la traición y la lealtad, entre la solidaridad y el fracaso y la soledad.


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