Rian Johnson convence y entusiasma con “Star Wars: The Last Jedi”, quizá la mejor entrega de toda la franquicia

Más allá la guerra en sí, de la adrenalina imprescindible de los sables láser o de la emoción fundamental requerida por contrato para semejante ejercicio cinematográfico, hay una virtud primordial que cada película de “Star Wars” debe tener: la de alargar el cuento de forma orgánica sin que parezca una burda treta comercial. Y esta, “The Last Jedi”, no solo la posee sino que la ejecuta con brillantez en el momento preciso. La frase clave sale de boca de un envejecido pero aún más grande Luke Skywalker: “Esta guerra no ha hecho más que comenzar”.

Eso después de dos horas y media de largometraje y ocho películas más tarde parece tarea sencilla pero no lo es. Otras franquicias en su lugar ya hubieran recurrido a un proceso de demolición y reconstrucción absoluta. Pero “Star Wars” no. Disney, manteniendo a la consumada productora Kathleen Kennedy al frente, ha conseguido lo que parecía una pequeña hazaña: llevar esto a un terreno menos explorado por la saga, el de la maestría.

El acierto al contratar a Rian Johnson para dar continuidad a lo logrado por J.J. Abrams en “The Force Awakens” ha sido rotundo. Ella misma dijo que verle trabajar había sido uno de los grandes placeres de su carrera. Más aún lo es contemplar el espectáculo oscuro, filosóficamente cargado, estético y deslumbrante en que ha convertido esta ópera espacial inventada por George Lucas hace 40 años.

Le decía Johnson a este periódico que le preocupaba que a Lucas no le gustara su visión, pero lo cierto es que “El último Jedi” está a años luz de la trilogía moderna que firmó antes de darle la alternativa a sus sucesores. En esta cinta hay conversación, personajes, densidad, una estética deslumbrante y un equilibrio exquisito entre los integrantes del reparto, con especial dedicatoria para Oscar Isaac y Benicio del Toro, los mejores del clan. Todos tienen su momento y nadie sobra, ni siquiera Laura Dern, que por momentos parece enredarse en la madeja de personajes nuevos.

Star Wars: The Last JediEl realizador logra además que la sensación de euforia sea efímera, que el espectador nunca se sienta del todo cómodo, en un viaje agotador ante el acoso permanente a los rebeldes por parte de las poderosas fuerzas imperiales, lideradas por el conflicto emocional de la adolescencia tardía de Kylo Ren (interpretado con mucha solvencia por Adam Driver). Su relación con Rey promete. Y el futuro de Daisy Ridley, la británica llamada a llevar las riendas de esta galaxia con su carácter aplastante, también.

En el departamento de quejas, molestan los ocasionales recursos de humor infantil y la falta de ritmo en la que parece caer por momentos la cinta, resultando, tal vez, un tanto larga. Cumple con creces, eso sí, en el apartado técnico. Johnson aprovecha con maestría la ventaja de la tecnología. Los efectos visuales deslumbran. El vestuario brilla. La música de John Williams impone, como de costumbre. Sin él, todo esto no se entendería.

Es parte del viaje, de la inmersión en un mundo oscuro que nadie se había atrevido a explorar con tanto detenimiento. Pero tranquilos porque hay acción suficiente para levantarse de la silla, una vez más, creatividad por montones, nuevas criaturas, giros nostálgicos permanentes. Y esperanza. Se llama Luke, siempre en su sitio, aunque esta vez recluido en un islote. Y melancolía. Por Leia, capitana de los suyos una vez más. Carrie Fisher, en su despedida del cine y de la vida, recupera la esencia del personaje pese a las décadas que la separan de aquella inolvidable chica en bikini espacial. Leia siempre es Leia. Leyendas así nunca mueren.

Toda esa armonía se ha traducido ya en críticas, multitud de ellas a favor y casi ninguna en contra. Se antoja otra Navidad de estruendo —lloverán millones y récords— para este ejercicio de Star Wars. Dicen que es la mejor en la historia de la franquicia, la que más se acerca a una cinta redonda en todos los aspectos. Me lo creo. Larga vida al nuevo gran talento de la meca. Larga vida a Rian Johnson.

@pscarpe

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