Hace años que se quitó de encima la etiqueta de hijo de García Márquez, aunque no discute que la sombra del Nobel de Literatura colombiano es y será siempre muy alargada. Dice que su cine habla por sí mismo en Hollywood, independientemente de su padre, y que su único objetivo es seguir haciendo “rarezas” como la que se acaba de estrenar.

“Mother & Child”, escrita y dirigida por Rodrigo García, es un melodrama sobre la ausencia, la historia de una separación entre una madre adolescente y su bebé, a quien el director de origen colombiano sigue 35 años después de la ruptura.

La cinta, que pasó por los festivales de Toronto y Sundance el año pasado, ha logrado finalmente llegar a las salas de cine de Estados Unidos, envuelta eso sí en una aureola de cine arte e independiente, aunque para su director no sea más que un “drama común y corriente”.  Sí es cierto que es una cinta honesta y de calidad, con un argumento complicado de descifrar y una apuesta por el lado humano de las cosas. Además, cuenta con un reparto contundente, con Naomi Watts, Anette Bening y el polivalente Samuel L. Jackson.

¿De dónde surgió la idea para contar una historia tan compleja?
Me interesaba contar una historia de ese tipo de personas que viven obsesionados con alguien ausente, con alguien que no va a a volver. Pensé que sería fuerte y dramático que fueran una madre y una hija que se separan al nacer. Además, dibujé un personaje con 14 años para que quedase claro que no era una decisión educada, para después saltar 35 años y ver como vivían ambas mujeres sin haber superado del todo la separación. Después introduje otros personajes para enriquecer la historia, pero nunca quise hacer una película sobre adopciones, sino sobre el anhelo.

¿No le parecía una apuesta arriesgada teniendo en cuenta el cine comercial que impera?
Cuando yo las escribo me parece que son muy comerciales, pero en cuanto alguien las lee me dice que estoy en aprietos. Yo pensé que esta película podría ser relativamente comercial porque es una historia accesible. Lo triste es que el distribuidor la tiene que manejar como cine arte y en realidad es un melodramón común y corriente.

¿No le frustra que no se conozcan más sus cintas?
Me gustaría tener más público para poder filmar más. Cada película que hago es una lucha por encontrar el dinero, pero tengo que hacer la película que me sale del cuerpo. Cuando la escribo no pienso si gustará mas o menos, y eso me pone en aprietos.

¿Hasta qué punto ayuda ser el hijo de Gabo?
En nada. Llevo ya 28 años en esta profesión y todo el mundo me conoce por mi carrera. Si mi trabajo no me abre puertas ya no hay nada que hacer. En Hollywood la mitad de la gente es hijo de un famoso.

Entonces ¿no le pesa el apellido?
A estas alturas, nada. Cuando era joven tampoco porque era fotógrafo, aunque cuando empecé a escribir no quería que mis guiones fueran una mierda. Luego se esfumaron las comparaciones al hacerme director por ser dos oficios muy distintos.

¿Cree que su cine cabe en el nuevo fenómeno de las 3D?
Creo que puede caber. Había una época en que se decía que el anamórfico de pantalla blanca no cabía y después llegó Woody Allen e hizo “Manhattan” y quedó preciosa. Si se abarata la producción y la exhibición del 3D, cualquier película puede caber en ese formato. Me gusta. Lo importante va a ser siempre la historia. Ahora es nuevo este fenómeno, pero dentro de 10 años a nadie le va a importar el 3D para nada si la historia no es buena.

¿Qué opina de las adaptaciones al cine que se han hecho de las obras de su padre?
Sin hablar de una o de otra, en general creo que se han quedado cortas. Es muy difícil porque cuando lees los libros son muy ricos en anécdotas, hay mucha literatura, y las películas no han encontrado un hilo conductor para que fluyan.

¿Se atrevería a meterle mano a un Cien años de Soledad, por ejemplo?
No lo haría nunca, porque además todas mis entrevistas serían sobre mi padre (dice con un tono jocoso in crescendo). La película sería secundaria. Todos los titulares serían sobre eso: ‘El hijo de Gabo filma Gabo’. Ni verían la película.

Pero sería legítimo. ¿No siente que el material le pertenece de alguna manera?
No me pertenece porque tenemos obsesiones e intereses muy diferentes.

De todas formas, supongo que se considera un narrador. Esta película parece dejarlo por sentado.
La película siempre me la imaginé como una novela del siglo XIX, drama humano, casualidad, dios, destino, suerte. Tiene mucho de un tipo de novela clásica.

¿Le ayudó además el tener a pesos pesados como Naomi Watts o Samuel L. Jackson?
Fue súper fácil trabajar con ellos. Todo el mundo entendió muy bien la película que hicimos, el bajo presupuesto y las largas jornadas de trabajo. Todo el mundo llegaba, resolvía y se iba. La única anécdota es que Naomi filmó esto cinco meses después de dar a luz.
 
Decía Watts hace poco que pensó en dejar el cine porque no conseguía buenos papeles. ¿Cree que su película le ha ayudado a recuperar la senda?
No lo creo, ahora tiene varios papeles fuertes y está en un súper momento. Tuvo un parón para tener a sus hijos, pero desde entonces ha hecho cuatro o cinco cintas al hilo, así que creo que ha vuelto con mucha fuerza.

¿Qué le motiva como director? ¿Un Oscar?
Me motiva contar una historia que tenga algo real y no esa cosa falsa que tienen muchas películas hollywoodienses.

¿Y su objetivo?
Seguir haciendo mis mismas rarezas, con más dinero y que las vea más gente, aunque eso no lo puedo controlar.

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