Pablo Scarpellini. Los Angeles | 22 de diciembre de 2011
 

Ha aceptado cargar con una cruz tan pesada como la de meterse en a piel de Marilyn Monroe y es probable que el destino la recompense por el atrevimiento. A Michelle Williams le ha sentado muy bien el rol de la rubia eterna de Hollywood, su fragilidad, su inseguridad y su grandeza. Los críticos han aplaudido su actuación en “My week with Marilyn”, y todo apunta a que Williams volverá a hacerse un hueco entre las mejores por el Oscar a la mejor actriz.

 

Pero no ha sido fácil. Ya en la primera escena de la cinta de Simon Curtis se intuye el miedo al fracaso más estrepitoso, lo complejo de explorar un personaje tan único como Norma Jean. Pero bastan unos pocos minutos para que la joven actriz de 31 años, nacida en Kalispell, Montana, demuestre una actuación brillante y más que creíble.

 

“Es el papel más duro que he hecho en mi vida”, dice sincera. “La mayoría de los días era un acto de coraje para quedarme en el set, mantenerme en mi silla y no querer huir”. Aún así, asegurar no tener las dudas que tenía Monroe sobre su capacidad como actriz, como queda reflejado en la película. Pero insiste en las cosas que no funcionaron. “Todavía pienso en lo que hice mal o que podía haber mejorado”.

 

Ese espíritu de superación la ha convertido en una de las actrices del momento y en una de las pocas que puede presumir —si se confirma su nominación— de haber estado presente en la gala de los Oscar dos años consecutivos. Su trabajo en “Blue Valentine” le sirvió para llevarse su primera nominación al Oscar.

 

Con Marilyn, se puede hacer con la primera estatuilla. “Traté de construir su presencia de forma gradual y llenar mi vida y mi casa con ella. Traté de construir el papel para que no se sintiera como trabajo. Empecé con mímica sobre sus gestos y lo que escuché en la privacidad de mi casa, llegando a practicar en la oficina postal o comprando comida”, dijo Williams.

 

Hasta tal punto, que el director y su compañero de reparto, Kenneth Branagh, vio a Marilyn en vida durante el rodaje. “Solo el hecho de llegar puntual al rodaje la distanció del personaje real”, señala el británico con ironía.

 

También tiene un cierto paralelismo por la tragedia que ha habido en su vida, después de la muerte de Keith Ledger, el padre de su única hija, por una sobredosis de fármacos en enero de 2008. Ahora, ya no habla del tema ni le da muchas vueltas. Tiene la mirada puesta en seguir escalando posiciones en su carrera y si puede, hacerse con un Oscar. “Ya veremos”. EC

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