A Benjamin le causa un poco de risa cuando le preguntan si su carrera depende de la creatividad de su hermano Peter como director. “No sé qué decir. Hasta hoy me he desempeñado muy bien solo”, dice entre risas ante la mirada atenta del hermano. En cambio, a Peter le parece el debate idóneo. “Es una gran pregunta. Acaba de dar en el clavo”, sostiene.

Es una broma pero bien podría ser cierto. Aunque Bratt es una reconocida estrella en Hollywood, con actuaciones en películas comerciales como “Miss Congeniality” y sus muchos capítulos en la ya mítica serie de televisión “Law & Order”, sus papeles bajo la dirección de su hermano mayor le han elevado a otra categoría en lo meramente interpretativo.

Su último trabajo lo atestigua. Recientemente estrenada en cines de Nueva York y Los Angeles “LA Mission”, una cinta con el sello personal de los Bratt, ambientada en el barrio de inmigrantes de San Francisco donde se criaron estos dos hermanos de origen peruano junto a su madre, y con toda la carga de problemas que conlleva el vivir en una zona acostumbrada a las pandillas, los enfrentamientos raciales y la discriminación para el recién llegado a un país extranjero.

Rompiendo tabúes
“La regla de oro para el cineasta es escribir sobre lo que sabes, y por eso para nosotros fue más fácil plasmar la historia de un barrio, Mission, que tenemos tan dentro del corazón”, dice el actor californiano.

Por eso Bratt encaja a la perfección en el papel de Che Rivera, un hombre carismático, conductor de autobús de día y artista de noche, capaz de decorar coches clásicos con complejas imágenes religiosas propias de la mezcla de culturas en la que habita. Pero también tiene un lado amargo, el violento y machista, que emerge al descubrir las tendencias homosexuales de su hijo adolescente. El personaje, basado en un compañero de clase de los Bratt cuando eran jóvenes, narra la dificultad y los prejuicios de la clase trabajadora latina para asumir algo que “todavía es tabú entre los hispanos”, como certifica el propio Bratt.

Pese al complejo tema de la homosexualidad entre los hispanohablantes, los hermanos se lamentan de la dificultad que supuso vender la historia entre los estudios. “Creo que al final es una cuestión de percepción. Nos dijeron que por qué queríamos contar una historia de gays cuando ya se había tratado muchas veces, pero era algo novedoso en el mundo hispano. Hay mucha estrechez mental a la hora de entender a los latinos en Hollywood”, dice Benjamin. 

Un punto de vista que comparte Peter. “Es una cuestión de comercialización. La primera regla en esta ciudad es el vil metal, el dinero. Los grandes estudios no están dispuestos a aceptar una película si no le ven un mercado muy claro para ello”.

Pese a los obstáculos que han enfrentado para distribuir la cinta, piensan mantener la misma línea. “Hemos creado una productora para continuar haciendo lo mismo. Tenemos muchas ideas, algunas del estilo de documental, y nuestra misión es conseguir un lugar en el mercado para ellas”, explica el protagonista de “Piñero”. 

Benjamin cree ciegamente en el futuro de Peter como director. “Me gusta su manera de pensar, como enlaza el arte del cine con la justicia social. Es un director visionario, porque empieza con la germinación de una simple idea y le otorga todos los matices posibles de la humanidad que nos rodea”, dice orgulloso. El hecho de haber agarrado una historia como ésta en un barrio con tantas presiones es algo valiente. Es un provocador, y como todo buen artista provoca discusión. Esta película seguro que lo hará”.

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