Al reconocer la soledad en la que habita, Simmons contrata a Ira Wright (Seth Rogen), un aspirante a cómico, quien a la vez le escribe sus chistes y le brinda compañía. Hasta aquí, todo va bien gracias al tono agridulce de la situación en la que ambos personajes se encuentran, desarrollando una amistad a la sombra de la fatalidad y haciendo reconexiones con amigos y amores del pasado. Mientras uno es ayudado por la experiencia del otro, la ingenuidad del más joven es también clave para mantener la historia a flote. Además, visualmente en esta parte es donde brilla el talento de Apatow.

Sin embargo, la última parte es simplemente una colección de malas actuaciones cuando la película pretende tomarse realmente en serio, y le echan a perder la fiesta a todo mundo al tratar de empujar moralejas de película de televisión sabatina y dejar de lado por completo lo chistoso.

Es tan aparatosa la manera como se cae la realización, que por un momento uno llega a considerar que si el personaje de Sandler muriera a la mitad de la cinta, quizá la historia hubiera sido mucho mejor. Pero, cuando el público ya comienza a pensar en maneras de arreglar la película… definitivamente ¡hay algo fundamentalmente mal en la cinta!
 
 

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