Quizás la trama entre las peleas sea poco floja y no tenga la misma emoción de la que es capaz el cine hollywoodense, pero lo cierto es que las secuencias de las peleas nos ofrecen mucho más que el breve intercambio de golpes y llaves que se dieron Vin Diesel y Paul Walker en las pasadas semanas (aunque se agradece el ” tributo” que Vin Diesel hizo del movimiento que ya tiene casi patentado Quinton “Rampage” Jackson) y aunque esta secuencia se repite de manera casi idéntica en esta cinta, es sólo una de las partes que componen el grupo de choques físicos en los que se encuentra el personaje principal (Tatum), quien por azares del destino ha caído en el mundo de las peleas clandestinas.

Fuera de las peleas, en realidad no hay mucho que decir, Terrence Howard de cierta manera repite un poco el papel de “Hustle and Flow” y a Tatum le conceden más líneas en las que le dieron en “A Guide To Recognize Your Saints” o en “Stop Loss”, pero desafortunadamente no toma ventaja de ello y en ocasiones no sabemos si el tipo es así por tanto golpe que ha recibido, o simplemente Tatum no alcanza a contagiarnos la emoción del diálogo -que acá entre nos, no es la gran cosa -. Equilibrando la avalancha de testosterona, la bella Zulay Henao se convierte en lo mejor de la película, tanto por la convicción con la que hace su papel como por el alivio para los ojos que representa su encanto de tipo “girl next door”.

No es la mejor película de MMA, pero por lo menos es mejor que “Never Back Down”, y ¡eso ya es algo!

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