Chivas tocó fondo y los dedos acusadores apuntan a Carlos Peña como uno de los máximos responsables

La desesperación cunde en el seno del Rebaño Sagrado. Los resultados no llegan y hay fuego cruzado del que han salido varios heridos. Vergara arremetió contra varios elementos del primer equipo, pero el más raspado fue el “Gullit” Peña. El tamaulipeco no ha rendido los casi diez millones de dólares que costó. Lleva un solo gol esta temporada, pero eso no es lo más grave, en la cancha es un remedo de lo que fue con León, de donde salió con lágrimas en los ojos.

A Vergara le vendieron espejitos. Peña no era el súper jugador que manejaba los hilos de los Panzas Verdes. Allí sus compañeros le ayudaban a brillar. Tampoco es que sea tan malo. Rinde y tiene talento, pero ha sido rebasado por la crisis de compañeros y de fútbol de un equipo que no encuentra la brújula y que ha terminado por contagiar a todos, desde el portero Toño Rodríguez hasta el ariete Omar Bravo.

Al patrón del chiverío le duele más lo del “Gullit”, por toda la lana que pagó por él. Ha sido una inversión cara que no le ha dado dividendos y cuando eso pasa, pues entonces hay que deshacerse de esa acción. Pero no es el único, solo es el chivo expiatorio para echarle encima toda la rabia y frustración de los malos resultados.

Lo de Chivas es más complejo. Cuando llegó, Almeyda le dio aire fresco a un cuadro gris y sin temperamento. Hubo partidos en que los jugadores le plantaron cara al más pintado. ¿Entonces qué pasó? Una hipótesis es que el equipo se ve disminuido contra el resto de los rivales que le ganan en músculo, gracias a su saturación de jugadores no nacidos en México. Es como una pelea entre un peso gallo contra un semicompleto. Por más que pegues y te muevas, al final te noquean. Es una clara desventaja de planteles cuando empiezan las acciones.

Los cambios se avecinan en el Rebaño. Vergara está dispuesto a tocarle el bolsillo y el técnico a enviar a la banca a varios titulares para darle oportunidad a los emergentes. Vaya, hasta el propio Almeyda está en capilla. ¿Será esa la solución para un equipo en terapia intensiva? El tiempo lo dirá. EC

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