Los Lakers la liaron en el centro de Los Angeles. Colapsaron las calles que unen el Staples Center con el Memorial Coliseum y llenaron un estadio hasta los topes con cinco veces la capacidad de su pista. El miércoles se dieron un baño de masas inolvidable para celebrar su título número 15 de la NBA, el segundo equipo más laureado en la historia del baloncesto estadounidense.

Antonio Cabrales no dudó en dejar de lado las obligaciones en su oficina de venta de viviendas y acudir a primeras horas de la mañana a celebrar con toda la familia. “Hasta ha venido una prima que vive en Tijuana para ver a los jugadores. No quería perdérselo”. Iba equipado con todo para disfrutar del evento y combatir el calor: neverita con agua, cervezas y hasta una sombrilla para ver pasar a Kobe Bryant y compañía, a salvo del sol de justicia que sacudía el centro de la ciudad.

Como la suya, muchas familias hispanas se dejaron ver en un desfile que pese a reunir a miles de aficionados, transcurrió con absoluta normalidad. Según confirmaron agentes de policía a lo largo del camino, solo se reportó un incidente a la entrada del Coliseo de Los Angeles, cuando una señora sufrió un fractura en el tobillo al ser empujada por una multitud que trataba de acceder al estadio donde se dio la fiesta final de los amarillo y púrpura.

“Me alegro mucho de que finalmente se hiciera esta fiesta. Creo que la alcaldía, al no querer pagar por el evento por la crisis, no entendió bien el hecho de que esta clase de eventos generan mucho dinero y que es bueno celebrar las cosas buenas con tantas cosas malas que pasan”, explicó José, uno de los cientos de policías del cuerpo de Los Angeles que se encargó de que no hubiera disturbios como los del domingo por la noche, cuando algunos aficionados rompieron escaparates de tiendas en el centro de la ciudad.

Salvo eso, lo demás fueron gritos de miles y miles de personas que vitorearon al paso de los jugadores. Toda la plantilla de los Lakers, acompañados por el alcalde de la ciudad, Antonio Villaraigosa, desfilaron en autobuses de techo descubierto. Bryant, elegido mejor jugador de la final ante Orlando Magic, a los que derrotaron por 4-1 en la serie, viajó acompañado por su mujer y sus dos hijas.

Por su parte, Gasol tuvo a sus padres y a su hermano pequeño al lado, el joven Adriá. Después, el pívot español acompañó a sus compañeros a la entrada de un estadio olímpico abarrotado con 95.000 espectadores que siguieron el desfile desde dos pantallas gigantes instaladas en el recinto.

Gasol aseguró al enfervorecido público que tienen hambre de más. “Todavía no hemos terminado. Queremos más. Después de vivir lo que hemos vivido en el desfile y llegando aquí a este maravilloso estadio, definitivamente queremos ofreceros más. Así que estés preparados”, dijo el español a un público que no paró de celebrar.

Después de Gasol saltó al centro de la cancha la máxima estrella del equipo. Bryant prometió quedarse el año que viene después de los rumores a principios de año que le situaban lejos del Staplers Center. “Esta es mi casa y aquí estaré el año que viene para repetir este viaje de nuevo”.

Los Lakers tienen un equipo joven y esperan repetir. Con un baño de masas semejante, ¿quién no querría volver a intentarlo?

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