La gobernadora de Arizona vetó una ley que otorgaría a cualquier trabajador el derecho a rechazar o denegar el servicio a otra persona si va en contra de sus ideales religiosos

Arenas movedizas en Arizona. La medida, que había caído como un jarro de agua fría en demócratas y grupos defensores de los derechos civiles, señala principalmente al colectivo gay, el cual podría ver cómo le son denegados muchos servicios básicos tan solo por su orientación sexual.

Un proyecto de ley que parece de otra época, rescatado del neolítico. Un proyecto al que, sin embargo, el Senador Steve Yarbrough le encuentra sentido. Su punto de partida se encuentra en Nuevo México, donde una pareja homosexual denunció a un fotógrafo que se negó a tomar fotos de su boda.

“No se trata de un proyecto de ley sobre discriminación”, señaló una y otra vez Yarbrough durante el debate que se llevó a cabo la semana pasada. “Se trata de prevenir la discriminación contra aquella gente que claramente expresa su fe”, apuntilló el senador.

No han tardado en salir detractores. De los primeros, el senador demócrata Steve Farley, quien no solo se unía a la causa social, posicionándose al lado de gays y lesbianas, sino que, también hablaba de las terribles consecuencias económicas que puede provocar este proyecto. “Si el proyecto de ley sale adelante, estaremos mandando un mensaje equivocado del estado al mundo, estaremos diciendo a mucha gente que no es bienvenida aquí”, declaró Farley.

Al final hubo noticias alentadores para los opositores de la ley, luego de que la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, vetara la polémica legislación. Brewer defendió su postura de veto aduciendo que la medida aprobada por la cámara legislativa podría tener efectos negativos para el estado. Habría qué agregar que la presión de más de 80 compañías poderosos en todo el país también surtió efecto. EC

 

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