Los mexicanos celebran su Independencia con varios retos y luchas en el camino, como el narcotráfico, la pobreza, el desempleo y la obesidad

José F. Sánchez. Los Angeles | 6 de septiembre de 2013

La madrugada del 16 de septiembre de 1810 dio inicio la batalla por la libertad, por la Independencia, una que costó sangre, sudor y lágrimas. El precio a pagar por liberarse del yugo opresor. Hoy, con más de 107 millones de personas, México es la nación de habla hispana más poblada del mundo y una que puja por ubicarse en el llamado primer mundo.

Las batallas modernas de México ya no son por libertad o por territorio, sino por retos muy distintos, uno de ellos es la pobreza. Duele la estadística: ocho de cada diez mexicanos son pobres o están a punto de serlo. Según un reporte del 2012 realizado por la CONEVAL (Medición Multidimensional del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social), hay 53.3 millones de pobres en el país. Hay avances, pero lastima la ubicación de la nación como una de las peores en la distribución de la riqueza. Como siempre: los ricos son más ricos, y los pobres…

El narcotráfico es otro flagelo que sigue causando estragos. El gobierno de Peña Nieto mantiene la misma línea dura hacia la mafia de las drogas. Los capos siguen cayendo pero varias poblaciones son campos de batalla con muertos por racimos. En las grandes ciudades la inseguridad es de otra naturaleza. La delincuencia aumenta motivada por el atroz desempleo que afecta principalmente a los jóvenes.

Otro sector preocupante es el de la salud. Recientemente México fue catalogado como el país más “obeso” del mundo. Uno de cada tres mexicanos adultos tiene obesidad. Los niños no están mejor. La obesidad infantil se ha triplicado en los últimos diez años.

A pesar de todo, el país avanza a trompicones gracias en gran parte a sus propios habitantes que no se arrugan, sino que se arremangan la camisa y salen a buscarse la vida en las calles, en las fábricas, en las oficinas, en las aulas, en los campos.

Así es el México actual, uno que se sacude los problemas cotidianos cuando de festejos se trata. Y no hay festejo más importante que el de las Fiestas Patrias de Independencia. Por un momento se dejan a un lado los problemas para unirse al grito de “Viva México”, claro, con la esperanza de que un día después todo pintará mejor. EC

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