Pablo Scarpellini. Los Angeles | 22 de junio de 2012

Hace meses que soporta una presión inusitada sobre sus hombros, aunque lejos de crearle crisis de ansiedad, le hace lucir relajado y completamente en control. De hecho, Marc Webb tiene esa sonrisa del más listo de la clase que se sabe ganador, preparado para una enorme salva de aplausos, tirado en un sofá de una sala de edición en los estudios Sony y con sus ayudantes alrededor, listos para su próxima directriz.

Webb, de 37 años, aparenta menos, vestido con ciertos aires de desgana, con el jersey roto por los codos y lleno de agujeros, como un adolescente desganado con su aspecto. Pero al mismo tiempo destila energía, pasión por lo que está haciendo, consciente de la atención que despierta todo lo que lo tocante a Spiderman y su mundo.

En julio, Webb le presentará al mundo su nueva versión de Spiderman, “The Amazing Spiderman”, una nueva forma de exprimir un limón que no ha parado de dar jugo desde hace una década, cuando Tobey Maguire se puso el ajustado traje del hombre araña.

Un conflicto del estudio con Sam Raimi desembocó en el final de la relación y en la irrupción de Webb, un hombre con una corta trayectoria en el cine y una sola película de gran presupuesto en su haber, “500 Days of Summer”. Con Spiderman espera consagrarse en el mundo de los grandes estudios y sus muchos millones de dólares, “estresado y contento al mismo tiempo” y sabedor de que “las comparaciones con la primera película serán inevitables”.

“Estoy más cansado que presionado”, confiesa el de Bloomington, Indiana. “Si dejase que la presión se instalara dentro de mí me mataría. Hay momentos en los que llegamos a las fechas de entrega y todo se pone muy intenso”.

Son los últimos compases, el montaje de una película aún por terminar que muestra con orgullo en una pantalla conectada a un Mac. Se ve romanticismo entre sus dos protagonistas, Andrew Garfield y Emma Stone, además de gran cantidad de escenas de acción para satisfacer el espíritu del cómic de Marvel.

Sin embargo, Webb deja claro que ha hecho lo posible por distanciarse de la cinta de 2002. “Quería hacer decisiones para salirme de la estela de la otra versión de Spiderman, empezando por el enemigo al que se enfrenta”, que en este caso es una especie de camaleón verde gigante. “No quería hacer una película por negación ni una versión que fuera la antítesis de la primera. No era mi objetivo”.

Webb explica que quería encontrar una pequeña historia dentro del gran despliegue de efectos especiales y acción, que no es otra que la relación sentimental entre Peter Parker y la chica de sus amores.

“Lo que más me gusta de ‘Spiderman’ es Peter Parker, porque es un chico normal, de esos que tienen problemas para hablar con chicas”. Además, dice, “hay una carga emocional, humor y sarcasmo, que le hace peligroso por su difícil infancia y el haber perdido a sus padres”.

Asimismo, se defiende los críticos que tildan el género de los cómics como algo infantil y superficial. “Los cómics son una forma de mitología lo suficientemente compleja como para aguantar una carga intelectual, una parte de la cultura con la que todos nos podemos identificar. Si la gente no se lo toma seriamente, es su problema”.

De lo que no hay duda es de que calan entre el público y que esta nueva apuesta apunta a taquillazo. Verá la luz el 3 de julio, en uno de los fin de semana largos más importantes del año. Magno evento. EC

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