Luca Verne. Los Angeles | 4 de mayo de 2012

Tras el desproporcionado éxito de su primer falso documental “Borat” -que recaudó la friolera de 261 millones de dólares a nivel mundial-, y después de “Bruno” -con la no despreciable suma de 138 millones-, el británico decidió dar un ligero desvío a su estilo con una película en la que su personaje no es el único foco de atención.

A pesar de que Baron Cohen encarna al protagonista, un dictador de un país árabe ficticio, en esta ocasión el largometraje también cuenta con un importante reparto de actores conocidos como Ben Kingsley, Megan Fox y Anna Faris, un elemento nuevo en sus comedias. Además, la película presenta una fotografía más profesional que la de sus dos primeras comedias.

Algunos expertos consideran esta jugada como un posible alejamiento del género de falso documental que lo consolidó. Sin embargo, en el tráiler se observan imágenes reales del presidente estadounidense, Barack Obama, y del primer ministro británico, James Cameron, haciendo alusión al fallecido líder libio Muammar Gaddafi, así como de la secretaria de estado norteamericana, Hillary Clinton, condenando al líder sirio, Bashar al Assad.

La cinta, que está inspirada en la novela “Zabibah and the King”, supuestamente escrita por el ex líder iraquí Saddam Hussein, cuenta con el mismo director de sus anteriores comedias, Larry Charles, uno de los guionistas de la serie “Seinfeld”.

Baron Cohen interpreta al Almirante General Aladeen, un dictador de la república de Wadiya, que promete arriesgar su vida para asegurar que la democracia nunca termine en el país que con tanto amor oprime. La cinta continúa con el mismo tipo de humor pesado y agresivo que tanto caracteriza a Baron Cohen, pues el comediante vuelve a participar de lleno en el guión y en la producción.

De momento es su cinta más publicitada, ya que incluso desde antes de su estreno ha hecho ya mucho ruido. Su primer spot publicitario se emitió en la noche de la Super Bowl, el espacio televisivo más seguido del año. En él, el supuesto dictador participa en una prueba atlética en la cual derriba a sus contrincantes con una pistola.

Ese mismo mes, el propio Baron Cohen desafió a la Academia de Hollywood promocionando su película vestido de dictador en la alfombra roja de los Oscar. A pesar de que se le denegó el permiso de forma explícita, el actor se presentó durante la noche más importante del cine ataviado con un uniforme blanco, una enorme barba negra y gafas de sol, custodiado por dos guardias vestidas de traje militar y minifalda.

No contento con eso, el actor esparció las supuestas cenizas del fallecido líder de Corea del Norte, Kim Jong-il, sobre el periodista Ryan Seacrest del canal “E” Entertaiment, lo que causó furor entre los medios de comunicación nacionales e internacionales.

El ardid le salió caro porque no pudo acceder a la gala en sí. Le sirvió, eso sí, para asegurarse un acuerdo con los estudios Paramount para producir y protagonizar más películas con su propia compañía, Four By Two Films.

La última campaña publicitaria de la cinta tuvo lugar hace unos días en el teatro Coliseo del hotel Caesars Palace de Las Vegas, donde antes de que hiciera la entrada triunfal el “dictador”, el vicepresidente de Paramount, Rob Moore, reveló la parte principal del argumento del filme: que el personaje de Baron Cohen termina en las calles de Nueva York sin trono y desprovisto de su poder.

Ya sabemos dónde acaba el dictador de Wadiya. Lo que se desconoce es si el nuevo estilo de Baron podrá llegarse a comparar con el súper éxito taquillero de “Borat” o si se irá apagando su estrella. Es cuestión de tiempo. EC

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